LAS MANOS OLVIDADAS

Cuanta belleza había en aquella copa de vino. Su color tostado se sonrojaba cuando el sol la miraba. Su aroma era exquisito, un jardín de jazmines y de naranjos florecidos, y su cuerpo, maduro era, extremadamente bello mientras su piel mostraba la riqueza del paso de los años.
Querida copa de vino, tu importancia en nuestras vidas es indudable. Estás presente en las celebraciones, los romanos adoraban a un dios en tu nombre y fuiste testigo directo de la última cena de Jesucristo; sin duda alguna, esta obra de arte que explora cada uno de nuestros sentidos tiene algo de santidad.
 
Pero ahora desde aquí quiero acordarme de ti, artista olvidado de esta obra de arte. Quiero expresarte mi agradecimiento porque en tus manos se encuentra el origen de esta maravilla de la vida. Aquellas manos agrietadas, anchas, morenas, rudas, son las manos de un padre o una madre, que protegen a su hijo del frío, que acarician cada yema de la cepa, le da la forma a su cuerpo y le dice cada día cómo debe crecer.
 
Aquellas manos alejan a la vid de aquellos que se le acercan con la única intención de aprovecharse de su amor, de su riqueza, de su pureza, cuidan la tierra donde vas a crecer, dan su vida por tu vida.
 
A aquellas manos olvidadas les ofrezco mi gratitud y mi adoración. 

MIRADAS

Llegó la Semana Santa, la Semana de Pasión. Un año más, parecen repetirse las mismas escenas. Gente que se va a pasar las vacaciones a la montaña, a la playa, a las grandes ciudades, los que se van al pueblo de sus padres y abuelos,… Y todos pendientes de las noticias meteorológicas, todo el mundo pendiente del tiempo que nos va a hacer, siempre forma parte de cualquier conversación, ya sea en el trabajo o entre amigos.

Las calles de cada pueblo y ciudad en Andalucía se convierten en un gran escenario, donde se representa la alegría y especialmente el dolor. Pero si hay algo que realmente me apasiona en estos días es poder observar las miradas; en estos días las miradas de los niños, la de los jóvenes y la de los mayores, son diferentes, y nunca he sabido muy bien el por qué.

                Al penitente que oculta su identidad, sólo veo sus ojos con aquella mirada perdida, una mirada hacia la luz de un cirio encendido, donde se esconde un secreto sólo por él o ella conocido.
                Al niño de corta edad, sus ojos extremadamente abiertos, con una mirada impresionada hacia aquella imagen tallada expresiva de tanto dolor.
                A aquel joven muchacho, que en aquel instante guarda silencio, calla ante el paso lento de aquel trono, su mirada se clava en los ojos de aquel Cristo azotado.
                A la mirada de aquella madre, con ojos acristalados, su mirada va dirigida hacia el futuro de su hijo, al deseo de protegerlo, de cuidarlo.
                Y la mirada de un abuelo, que en voz baja, muy baja, le pide verlo nuevamente.

EL CLAN DE LOS "SÍ, PERO…"

El Clan de los «Sí, pero…» son un grupo desorganizado, sin ideología, extremadamente peligrosos, que se encuentran infiltrados en todos los sectores de nuestra sociedad y ámbitos de la vida y tienen como objetivo esencial entorpecer a todos aquellos que quieren hacer cosas, que toman decisiones, que se arriesgan. En tiempos de crisis parecen florecer y se diseminan con una mayor facilidad, y se constituyen en una verdadera plaga.
Un ejemplo claro de los miembros del Clan de los «Sí, pero…» son aquellos que:
          
           Le dices: «Vamos a dar un paseo por el campo», y te dicen «Sí, pero y si nos llueve».
          Le dices: «Vamos a ir al cine», y te dicen «Sí, pero igual la película es muy aburrida».
         Le dices: » Voy a poner en marcha un negocio», y te dicen «Sí, pero creo que esa empresa no es viable» .
 
No pretendo enfrentarme a ningún grupo, ya que entiendo que es precisamente lo que realmente buscan, se alimentan al final de la confrontación, porque de esa manera consiguen alejar a aquellos que quieren hacer cosas de sus objetivos. Pero, sí quiero decirles a los seguidores del Clan lo siguiente:
          
          «Me voy a dar un paseo por el campo y cuando llueva, daré gracias porque el agua es necesaria para la vida».
          
           «Me voy a ir al cine con mi familia, y así pasaremos una tarde juntos».
          
           «Voy a emprender un nuevo negocio, porque creo en él, va darle de comer a mi familia».
El Clan de los «Sí, pero…» no desaparecerán nunca, porque además son necesarios, hacen falta de su existencia, pero lo único que debemos de hacer es alejarlos de nuestro entorno. A los seguidores del Clan les digo que siempre habrá personas que decidan hacer cosas, a tomar decisiones, a arriesgarse, porque lo necesitan para sentirse vivos, Sí, pero … con los miembros del Clan fuera de sus vidas.