Mi primera letra

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Pasamos por tu lado
y casi ni te miramos,
te ignoramos sin motivo ni razón,
olvidándonos que eres la primera de dos listas
que aprendimos cuando éramos pequeños
y que de mayores apartamos a un rincón.

En mi voz naciste la primera,
ni mi padre, ni mi madre
me llevaron a tu expresión.
Y a mis oídos llegaste,
convertida en el primer sueño
de comenzar un aprendizaje,
de ser la primera de aquella clase
y que abandonamos sin pedir perdón.

Tienes una gran virtud,
eres abierta y central,
contigo nacen las palabras más crueles
y las más hermosas se visten de gala
gracias a tu favor.

Ansiedad y Angustia
acompañan a tu viaje.
Abrazar, Amistad,
Alegría y Alma
son palabras que nacen contigo
y que me dicen cada día
que sin ti,…no existe Amor.

Mi letra A,
la primera de esas dos listas
que en mi voz encontró su libertad.
Mi letra A,
cuyas palabras más bellas
han encontrado su nacimiento
en los albores de tu expresión.

La mudanza interior

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Este año y como cada año compruebo una vez más que he vuelto a repetir la misma historia dos veces. Un acto rutinario se ha convertido en un protocolo lleno de sensaciones que siempre se acerca a mi vida en las mismas fechas, de forma callada, impasible, sin mediar apenas un aviso, pero sabiendo en el fondo que llegará y que me tocará enfrentarme a él, con una mezcla de nostalgia y miedo, de deseos y de sueños. Un año más he vivido esos dos momentos inmerso en el sonido de unas cajas que ya no hacen el ruido de antaño, pero que hablan en silencio de los recuerdos de aquellos besos robados, de los olvidos por unos amores que fueron imposibles, de la añoranza por un cuerpo cambiante y….de los sueños que siguen buscando caminos donde encontrar una nueva vida.

Ayer tarde nos encontramos por fin. A diferencia de otras ocasiones, esta vez me fuiste avisando en los últimos días y me dijiste que ya era hora de vernos, que nuestro encuentro no podía demorarse por más tiempo, que necesitabas abrigar tu cuerpo de un incipiente aire fresco. Aunque intenté no darme por aludido, inevitablemente tuve que rendirme ante ti. Querías liberarte de aquella prisión y me pediste que te ayudara a escapar,… y aquí me tienes otra vez, quitándote las ataduras. Pero realmente sabes que soy yo quien me aferro a ti, porque eres tú quien realmente me liberas cada vez que nos encontramos.

Otra vez me vuelves a traer los recuerdos de momentos vividos, algunos llenos de tristeza y otros de rebosante alegría; recuerdos que se pierden entre los hilos de algodón de las camisas, entre la fina lana de los jerséis. Nuevamente me devuelves la imperiosa necesidad de olvidar y deshacerme de aquellos recuerdos que jamás se debieron quedar en nuestras vidas, y alejo de mí aquel pañuelo que me regaló un día como muestra de un amor ahora ya inexistente. Cada vez que nos encontramos descubro con tu presencia como mi cuerpo ha cambiado y hoy la holgura de su contorno no encuentra acomodo en mi piel. Pero al final siempre tengo que agradecer mi encuentro contigo, porque en tu interior descubro como entre las costuras, aun a pesar de que exista algún remiendo, encuentro nuevos ropajes que me enseñan que debo seguir creyendo en mis sueños,…sueños que me acercan a un nuevo tiempo.

Como en cada primavera, cuando llega los primeros días de otoño, guardo los trapos de ese tiempo que ahora ya se convierte en pasado, para volver a sacar las prendas de vestir de un invierno que aún no ha llegado. Dos veces al año me enfrento con la misma rutina de guardar una ropa y sacar otra, dos veces al año cambiamos nuestro vestuario, transformando nuestro armario, como una puerta que nos muestra los nuevos tiempos que llegan. Dos veces al año mudamos nuestro envoltorio, sin percatarnos de que igualmente mudamos nuestra piel interior, dejando atrás momentos para el olvido, manteniendo vivo los recuerdos y soñando con nuevos tiempos que siempre traen un cambio.

Abrazada a ti

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Cada tarde me asomaba entre las rejas
con el anhelo de acariciar tu cuerpo,
emergente de un mar de flores
que soñaban ser infieles a sus sueños.
Acercarme a ti convertí mi deseo,
para acariciar tu piel
y escuchar tu vida,
pero allí estabas alejado de mí
en la distancia rota por aquella reja maldita.

La luz de cada tarde te enredaba,
y cuando los rayos del sol querían ser amantes
y poseer tu cuerpo,
el rugir de tu voz cualquier deseo alejaba.
Tus cabellos acariciados por el viento
hicieron sonar notas de música en el silencio
y permaneciste callado,
porque tus palabras….
tus palabras sólo tenían un dueño.

¡Quise tenerte, sentirte, amarte!,
¡convertirte en un cuerpo infiel!,
perder tu alma,…
pero me alejaste con tu silencio,
con la vieja sabiduría del que ha vivido muchos años.
Superé mis miedos,
traspasé las rejas y quise acariciarte
pero me dijiste que no era mío,
que aquel cuerpo ya tenia un dueño.

Aquella tarde descubrí tu amor,
tu amante oculto.
A las manos delicadas de quien te abrazaba cada día,
la mujer de tus sueños,
a la Reina de tu mundo.
Abrazada a ti mi viejo Nogal
se encontraba ella,
la única que supo escuchar tu voz,
la que sintió tu fuerza y tu pasión.