UN AMOR EN EL TRASTERO

 

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Las dos entradas de un cine de verano, de una película que ya no recuerdo, pero que esperamos hasta el final para ver los títulos de crédito. La letra de una canción de un grupo que desapareció sin dejar rastro y que han repuesto en un programa de televisión un domingo por la tarde de este invierno pasado. Las cartas arrugadas dentro de los sobres abiertos, salvo la última que no tiene matasellos, ni remite, pero que dejé en el buzón de tu casa pero que nunca leíste, y me la devolviste por debajo de la puerta. La fotografía de un atardecer en la playa de nuestro primer otoño juntos. El bolígrafo de tinta roja con el que dibujaste en una servilleta de ese bar que cerramos al amanecer, un corazón atravesado por una flecha, pero que se difuminó una tarde de lluvia y tormentas. Un libro de poemas que no tiene dedicatoria, pero en el que escribiste tu nombre en todas las páginas impares. Una fotografía tuya tamaño carnet y otra que aparece rota por la mitad, porque algunas historias se quedaron a medias. Una cinta de casete donde grabaste tu voz para que me fuera la cama escuchando tus buenas noches. La postal que no enviamos de cuando estuvimos el fin de semana en Barcelona y pusimos en la puerta de la habitación del hotel la tarjeta de do not disturb, porque decidimos comernos el please. Nuestra última cajetilla de tabaco, donde quedaron tus labios marcados en la boquilla del último cigarro que nos fumamos juntos.  

Esta mañana estuve ordenando el trastero y colocando las cajas en una estantería de metal.

EL OTRO DÍA DEL LIBRO

 

Acaba la semana y lo hace con la extraña sensación de que vivimos en una sociedad que no tiene fijado un rumbo concreto, que nos encontramos instalados en un aparente desorden, donde nada parece funcionar como todos deseáramos. Finaliza una semana donde comenzamos con la fiesta de los libros y de las rosas, donde el territorio de la palabra, de las historias y de la imaginación reivindica, como cada año, su lugar para cambiar este mundo. Sin embargo, el paso de los días ha convertido a esta  semana en una pésima obra de teatro, una mala película de esas que reponen los sábados por la tarde y que no sirve ni para entretener, y donde de nuevo las cloacas rezuman la miseria de los seres humanos y la otra justicia que reclama un pueblo, temo que un día pueda encontrarse de frente ante sí misma y después no sepamos escapar de ella.

Termina la semana, pero acaba con la esperanza infinita de que en nuestras manos está que sabremos tomar el timón de esta travesía y con el deseo de que en los libros encontremos la manera de cambiar para mejor nuestra historia. Y lo digo porque la semana que comenzó con esa celebración, ha olvidado rápidamente esa misma celebración.

Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento infinito tanto al CEIP Marqués de Santa Cruz (El Puerto de Santa María), como al Colegio Salesianos (Rota) por la oportunidad que me han ofrecido de encontrarme con los más pequeños y de compartir con ellos, el amor por la lectura, por las palabras, por la imaginación, por las historias, por las emociones…por ese otro día del libro que cambiará este mundo.

VOLVER

 

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Te invento cada noche,
esa noche nuestra
donde tu capa hace volar a los superhéroes,
esos que vencen a los malos
que se ocultan debajo de tu cama.

Te invento cada noche,
esa noche de magos sin chisteras,
de cuentos sin moralejas
donde las marionetas cobran vida en tus manos,
y se duermen a tu lado.

Te invento cada noche,
le pongo alas a mis demonios
porque quisiera volar a tu lado, 
para verte en esa máquina del tiempo
que son los sueños del insomnio.

Te invento cada noche,
dibujo en mi ventana tu nombre,
pero despierto cada mañana
y descubro que ya no existe la palabra volver.