EL OTRO DÍA DEL LIBRO

 

Acaba la semana y lo hace con la extraña sensación de que vivimos en una sociedad que no tiene fijado un rumbo concreto, que nos encontramos instalados en un aparente desorden, donde nada parece funcionar como todos deseáramos. Finaliza una semana donde comenzamos con la fiesta de los libros y de las rosas, donde el territorio de la palabra, de las historias y de la imaginación reivindica, como cada año, su lugar para cambiar este mundo. Sin embargo, el paso de los días ha convertido a esta  semana en una pésima obra de teatro, una mala película de esas que reponen los sábados por la tarde y que no sirve ni para entretener, y donde de nuevo las cloacas rezuman la miseria de los seres humanos y la otra justicia que reclama un pueblo, temo que un día pueda encontrarse de frente ante sí misma y después no sepamos escapar de ella.

Termina la semana, pero acaba con la esperanza infinita de que en nuestras manos está que sabremos tomar el timón de esta travesía y con el deseo de que en los libros encontremos la manera de cambiar para mejor nuestra historia. Y lo digo porque la semana que comenzó con esa celebración, ha olvidado rápidamente esa misma celebración.

Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento infinito tanto al CEIP Marqués de Santa Cruz (El Puerto de Santa María), como al Colegio Salesianos (Rota) por la oportunidad que me han ofrecido de encontrarme con los más pequeños y de compartir con ellos, el amor por la lectura, por las palabras, por la imaginación, por las historias, por las emociones…por ese otro día del libro que cambiará este mundo.

Por sacar punta

 

 

Hablar, hablamos de todo, pero decir, decimos poco. En los tiempos que corren (y que siempre han corrido y seguirán corriendo), los que más podrían decir, no están callados, pero sí están silenciados. Lamentablemente nadie le pone un micrófono a aquellos que tienen no la autoridad de quienes son, sino de los que saben decir y no solo hablar. Por desgracia, los que podrían mostrarnos un cierto camino de claridad ante el panorama que estamos viviendo, no les dan el prime time, porque para qué, si seguramente ninguno de ellos llenaría la máquina registradora de los que están controlando el basurero de noticias diarias.

La mentira se ha convertido es una contorsionista de nuestro día a día. Las banderas se han transformado en lazos, los pensionistas han tomado las calles porque solo ellos saben lo que es la revolución de una primavera, un máster deshonra la propia palabra de la que toma origen en latín; un expresidente de una comunidad autónoma, la mía, dice haberse enterado por la prensa de unas ayudas sobre las que no ejerció su debido control; se habla de que cada vez existen menos derechos y libertades, pero a ninguno de esos les escucho hablar de las obligaciones que está dispuesto a asumir; y por desgracia, y no me queda más remedio que  generalizar, parece que los políticos han olvidado que la honestidad es un atributo que debe acompañarles a lo largo de su trayectoria como servidores de lo público.

Como apuntaba al principio, hablar, hablamos mucho, y hasta yo mismo, solo hago hablar, pero no digo nada. O sí. Porque quizás lo que quiero destacar es que esta sociedad está más pendiente en la actualidad de sacarle punta a todo, que de escribir sin torcer los renglones su propia historia. ¡Ah por cierto!, si de sacar punta se trata, el señor don Mariano Rajoy, en su intervención en defensa del ataque a Siria (de lo que no hablo ni digo nada por mi absoluta ignorancia), mostró con sus palabras cómo el machismo se encuentra demasiado arraigado en nuestra conciencia individual, porque justificó entre otros motivos dicho ataque para proteger a la población más indefensa, y ¿saben a quién incluyó entre los más indefensos?, pues a las mujeres y a los niños. Así que por sacarle punta, pensé: ¿estamos ante un lapsus machista mental?

Aquí termino, que ni he hablado ni he dicho nada, así que nadie me lo tome en cuenta, que mi intención no era sacar punta.