SIN PALABRAS

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Sin palabras en el aire.
No fue silencio.
El viento eterno que viene y va,
que nos lleva y nos trae de este mundo
de un sueño a esta realidad.

Sin palabras en la hoja desnuda.
No fue silencio.
La blancura de su piel se dejó tatuar
por la tinta del deseo difuminado en el tiempo,
entre el paso de las horas que se rompen a su caminar.

Sin palabras en la noche.
No fue silencio.
Fronteras impensables de dos miradas en la oscuridad,
de la luz añorada que el pasado se llevó sin mirar.

Sin palabras en las caricias.
No fue silencio.
Roces de piel callados
fueron susurros de una voz en la madrugada.

Con palabras en nuestros ojos,
llegó el silencio en los labios olvidados.
Palabras que un día fueron heridas
hoy se desnudan en el abrazo soñado de cada amanecer.

AÚN QUEDAN BANDERAS SIN TELA

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Iba a decir que la vida está llena de casualidades, pero como hay mucha gente que dice que las casualidades no existen, entonces diré que la vida es pura ironía. No puedo negar que hoy escribo no sin cierta dificultad, pero no por nada en especial, sino simplemente porque sé que es probable que mientras pulso sin parar las teclas del ordenador, algunas de mis ideas se pueden a partir de ahora derribar.

Una mañana, una tarde o una noche, recibí un mensaje con una palabra, PLURALIDAD. Como decía antes, por aquellas casualidades de la vida, ¡ay perdón!, por aquellas ironías de la vida, en ese instante por mi cabeza rondaba en silencio un pensamiento que me decía que aún nos queda mucho por recorrer para que exista en nuestra sociedad la verdadera PLURALIDAD. ¡Claro!, a mi interlocutor o interlocutora, permítanme que guarde su anónimato, no le iba a decir que en ese instante comenzaba a tener un debate personal sobre este concepto, porque quizás ni él o ella se lo llegaría a creer, pero si llegas a leer esta entrada, que sepas que así fue.

Somos muy dados a enarbolar banderas, a colgarlas de balcones y mástiles como muestras de identidad. A ondearlas como símbolos de diferenciación y de adoración colectiva e individual. Y no hablo de aquellas banderas que son símbolos de represión y del horror (creo que aquí ya empieza a caerse alguno de mis principios), sino de aquellas banderas que sarcásticamente hablan de libertad, respeto y pluralidad. ¡Vaya!, ya apareció la palabra de la que realmente quería hablar.

En las últimas fechas he sido testigo de escenas que me demuestran como sacamos rápidamente a la calle nuestras banderas, esos símbolos de identidad, que dicen esconder detrás de sus colores, la pluralidad como uno de sus principios rectores. Pues qué quieren que les diga, no comparto una bandera, ni ninguna otra, que se apropie de dicho principio y en el fondo no la lleve a la realidad (aquí se empieza claramente a ver como se me caen mis propios principios).

La expresión de la cultura de un pueblo o de un movimiento social; de los sentimientos individuales y que son mucha de las veces, propios de una colectividad; de los ideales políticos, como herramienta para el desarrollo y crecimiento de nuestro mundo; de los movimientos religiosos y sus formas de expresión de cara a la sociedad; y las tradiciones enredadas en nuevos tiempos… La pluralidad se encuentra en cada rincón de nuestro día a día, en pequeños detalles insignificantes de nuestra convivencia diaria. Y aunque la enarbolemos como seña de identidad, al final, no nos duele en prenda olvidarla para hacer que nuestros ideales se encuentren por encima del resto, despreciando éstos sin ningún tipo de piedad.

Que cada uno y cada una saque sus propias conclusiones, pero me da que aún nos queda muchas banderas sin tela, sin esa tela de la verdadera pluralidad.

ES COMO….EMPEZAR SIEMPRE DE NUEVO

Cada año despiertas con la bandeja del correo repleta de mensajes y ves cómo el día se vuelve especial desde el amanecer. No es un día cualquiera, de eso nada. Es como predecir que algo puede pasar. Desde bien temprano suena en el oído esa canción, el soniquete de una música que te hace recordar que ese día ha vuelto a llegar.

Sonríes con esa mezcla de añoranza, ironía, sarcasmo, un poco de tristeza y mucha felicidad. Es como mirar alrededor para encontrar esos instantes pasados y aquellos que están por llegar. Sonríes sin parar, porque aquella música envolviendo esas palabras nos hace sentirnos únicos en este mundo y, por un momento, en dueños del día que acaba de empezar.

Miras el reloj, queriendo poner el cronógrafo a cero para volver empezar, pero sabiendo que ya es otra realidad. Es como no querer ver pasar el tiempo, porque de pronto sentimos que el tiempo pasa por nosotros y… de nuevo el estribillo repetido de esa canción.

Nos miramos las manos y las acariciamos con cierto miedo. Es como no fijarnos nunca en ellas y ahora sentir como poco a poco se arruga la piel, encontrando nuevas líneas que ayer no alcanzamos a ver. Las cerramos con fuerza, con el anhelo de atrapar ese instante para que se quede eterno en nuestro interior. Y la letra de aquella canción se vuelve a repetir, una y otra vez, desde el principio hasta el final.

Ha sonado el móvil. Son las ocho de la mañana y el sol todavía se encuentra oculto tras el horizonte. En esta época del año, el astro rey aún está lleno de timidez, aunque ya desea aparecer. He vaciado la bandeja del correo electrónico. Todos esos mensajes impersonales acordándose de mí los he tirado a la basura, a ese recipiente inexistente donde guardamos la basura virtual.

Se escucha una voz al otro lado de ese aparato que ya apenas despegamos de nuestras orejas y de nuevo aquella música. Nadie recordó aquella fecha, pero hubo un mensaje y una voz volvió a sonar cantando aquella canción…..