LA HABITACIÓN DE LA ESPERA (capítulo II)

 

HoiBlyP64YuS80xVqDdQ33NNlknr-Ct5gYuop_Po-NU

Bajo la puerta se aprecia una luz. Se mueve. Aparece y desaparece. Necesito escapar de aquella habitación. Sólo escucho mi respiración. Aprieto mis labios, la mandíbula se endurece. Los dientes se aferran los unos con los otros, se escucha un leve chasquido. Mis manos tiemblan. El sudor. De mi frente se desliza el agua del miedo. De nuevo la luz. Salgo de debajo de la cama. Tropiezo. Me voy al rincón. Sentado, cruzo las piernas. Tiemblo. Me rodeo con los brazos. Bajo la cabeza. Cierro los ojos. Se escuchan unos pasos. Lentos, se detienen. Bajo la puerta se asoma algo de luz.

Abro los ojos. Abro la boca. Los dientes siguen unidos y mis pómulos sobresalen. Es una extraña sonrisa la que la cara esconde detrás del miedo. De nuevo los pasos. No se detienen ahora. La madera de la escalera se rasga bajos los pies. Y una voz. Sólo una voz. No la conozco. Suena el reloj. Comienzan los golpes en el silencio de aquella noche. Una, dos, tres. ..Aquellas campanadas del viejo reloj no se detienen. Seis, siete, ocho… ¡Fin!. Una aguja se para, la otra sigue sin cesar. Aquel sonido del tiempo y mi respiración. Los pasos y una voz. Comienzo a llorar. Sé que es mi final.

Se detienen los pasos. La luz resplandece. Dos golpes en la puerta. Retumba el hueco sonido de la madera. Cierro de nuevo los ojos. Cruzo mis dedos sudorosos. Mi cuerpo tiembla. Tengo frío, mucho frío. Me observa. Aquellos ojos de la fotografía de mi abuelo no se apartan de mí. Él siempre está ahí. Mi madre dice que me parezco a él. Mi abuelo. Lo echo de menos. Su mirada hundida no deja de observarme. Me habla una voz, es la misma voz. No la conozco. ¿Quién es?

El pestillo se separa. ¡¡Clack!! El pomo se mueve lentamente. La puerta se abre despacio, muy despacio. La luz comienza a entrar en la habitación. No dejo de llorar. El sonido de un móvil. Ese tono. Una,… dos,… tres llamadas.

Mi cuerpo se encuentra bañado en sudor. Abro los ojos. El miedo. Me levanto de la cama. Ha sido un sueño, sólo un sueño. Mi madre permanece inmóvil en la puerta. Sonriente. En su mano, el teléfono. Me lo da. Mi padre al otro lado. ¡Has aprobado campeón! ¡Aprobaste selectividad, chaval!

LA HABITACIÓN DE LA ESPERA (capítulo I)

 

HoiBlyP64YuS80xVqDdQ33NNlknr-Ct5gYuop_Po-NU

Cierro los ojos con fuerza, incluso me duelen los párpados. Mis brazos tiemblan. Aprieto los puños y las uñas se me clavan en la piel. Me ahogo. Escucho el aire como entra y sale por la nariz. Mi respiración se agita y el pecho se mueve cada vez más deprisa. No puedo respirar, ya no queda aire. El viento sopla muy fuerte y los cristales parecen romperse. Se ha ido la luz en la calle y la noche se hace oscura, mucho más oscura. Se escuchan los ladridos de los perros, sus voces de locura, presas del miedo que les atenazan. Ellos sí gritan al ver la oscuridad, y nosotros, nosotros cerramos la boca, atrapados por el miedo. Quizás por miedo al ridículo. Observo la ventana. Intento descorrer las cortinas. Me agarro a ellas. Son pesadas y no logró moverlas. Mis manos resbalan. La oscuridad se hace más oscura. Me ahogo. Mi pecho se va a romper intentando respirar.

Se ha callado el viento. Los cristales quiebran por un instante. El suelo de madera cruje. El silencio se vuelve a romper. Es un lamento de dolor. El olor a humedad entra poco a poco por mi nariz. El polvo de la moqueta se agarra a mi garganta. Intento tragar saliva. No tengo. Mi boca está seca. Abro los ojos y sólo veo oscuridad. Hay cuadros colgados, lo sé. Retratos de mis antepasados. Sombras inertes que deambulan por las paredes. No los veo, pero sé que me miran. Ellos siempre ven en la oscuridad. No me quitan los ojos de encima. ¿Qué harán? Estoy inmóvil. Aquellos sables que cuelgan de la pared, ¿dónde están? Su brillo ha desaparecido en esta oscuridad. Siento sus filos cortando el poco aire que queda. Me han rozado la mejilla. La sangre humedece mi rostro. Su olor, ese olor.

El calor ahoga el aire bajo la cama. Mi respiración se acelera aún más. Me duele el pecho, no lo soporto. Siento los alambres de la cama en mi espalda, rasgan mi camisa. Se me enreda el pelo. Necesito salir. Mis piernas se han paralizado. Quiero gritar. No puedo moverme. Sé que están ahí.

CIEN VERSOS OLVIDADOS

 

IMG-20140608-WA0000

La vida acecha cada noche. Oscura, impasible,
en su extraña mirada de ojos dormidos,
sobre la punta de unas zapatillas de bailarina
de pasos silenciosos.
Un telón echado a la luz, un olvido a la muerte,
al engaño que llegó tras la luz del atardecer.
Asoma la penumbra, la voz rota se ha callado,
nuestros caminos se desvanecen, lentamente.
El último beso desaparece en un instante, un verso olvidado.
Cierras los ojos.

Desnudas la madrugada. El insomnio de tus labios,
voz que susurra a la oscuridad de paredes blancas,
tiembla el aire atrapado.
Los cuadros nos observan, ojos de ángeles y demonios
del tiempo detenido. Recuerdos, siempre recuerdos,
¿dónde quedaron los olvidos?
En tus manos, en un miedo marchito. El deseo
busca un destino abandonado en el tiempo, los roces.
Las caricias de aquel instante, un verso olvidado.
Abre los ojos.

Y sobre la mesa, reposan las cartas, duermen desde el ayer.
Aromas de papel, rasgado y amarillento
pasado de palabras que la tinta ha difuminado. Letras,
que el levante de locura dispersó en el aire,
que dejaron caer
en el naufragio de un mar cristalino.
Frágil soledad,
en la frontera de la esperanza.
Sobre tu piel escribí una vez, en el silencio de tu mirada,
cien versos olvidados que hoy vuelven a nacer.