LEYES SIN ESPÍRITU

En los últimos tiempos, los ciudadanos en general, y los juristas en particular, nos hemos convertido en testigos directos de la aparente actividad de nuestra clase política, en la profusa labor de aprobación de leyes y decretos que se integran en nuestro ordenamiento jurídico, con la intención de introducir medidas y reformas en nuestro sistema social y económico, bajo el digno pretexto de favorecer la «salida de la crisis».
Pero hay una cosa que me viene llamando especialmente la atención, las exposiciones de motivos de todas estas nuevas leyes, son particularmente breves, sin apenas contenido, y todas contienen el mismo argumento, que dice «en este contexto de crisis se hace necesario». Resulta llamativa la poca atención que el legislador le da a las exposiciones de motivos y, sin embargo, éstas son muy importantes, porque nos dicen el porqué, pero especialmente nos dicen el para qué nace esa nueva ley, contiene el ESPÍRITU, es donde se ve la intención, la idea, la reflexión previa que se tiene que hacer antes de entrar en la regulación propiamente dicha. Me preocupa, sinceramente, porque quizás esto demuestre que se está legislando sin llegar a hacer una reflexión previa, sin explicar al ciudadano el porqué y para qué de la ley. Estamos perdiendo el espíritu.
Pero también me preocupa que estas leyes, que se espera que perduren y permanezcan en nuestro ordenamiento jurídico durante un largo tiempo, mantengan un elemento lleno con un matiz tan negativo, como es el concepto de crisis, porque dudo mucho que nuestros legisladores sepan ni conozcan la acepción que el vocablo crisis tiene en el mundo oriental.
Espero la reflexión del político y que sepa desterrar los conceptos negativos en las leyes que aprueban.

QUÉ ES EL AMOR

Del libro «El contenido del silencio» de Lucía Extebarría:

«Porque yo, como la mayoría de las personas de este mundo, no puedo decirte exactamente qué es el amor, pero sí puedo decirte que creo en el amor, que creo en su poder, y que creo que no siempre se manifiesta de la misma manera, que no siempre tiene que ver con las palabras sexo, pareja, exclusividad o compromiso, ni con la fuerza que empareja a las personas y fecunda la materia del mundo, pero sé que, sea cual sea el aspecto en el que se manifieste o la variedad en la que aparezca, es lo único que puede proporcionar sentido a una persona, una sensación de pertenencia, y que, cuando aparece, la simple existencia se transforma radicalmente y empieza a ser, por fin, verdaderamente vida».
SENCILLAMENTE EXTRAORDINARIO. Es un libro que hay que leer.

EL FARO DE LOS NAVEGANTES

Los grandes navegantes saben verdaderamente que los faros tienen una gran importancia y que son realmente necesarios en sus viajes, saben que pese a los avances tecnológicos, los satélites, los GPS y no sé cuantas herramientas más, al final son los faros los que les ayudan a llegar a puerto, los que les avisan de los accidentes geográficos, los que les permiten seguir una ruta, son al final la luz que les acompañan en su navegación.

Y en nuestras vidas nos pasa exactamente igual, los faros son imprescindibles en nuestro recorrido por la misma, son necesarios en cada etapa de este viaje, en cada paso que damos, aunque a veces, muchas, no seamos conscientes incluso de ello. Todas las creencias religiosas tienen un referente, un guía, ¿que no es sino Cristo para los cristianos o Mahoma para los musulmanes?…En la familia, un padre, una madre, un hermano,… nos ayuda y sirve de referencia, es nuestro faro; en el colegio, siempre hemos tenido un maestro o un profesor que nos ha guiado, que nos ha regalado una enseñanza que nos acompaña en nuestra vida; en las relaciones de amistad, siempre hemos tenido a un amigo que nos ayuda a caminar, que está a nuestro lado.

 Siempre tenemos a alguien que nos acompaña, alguien quien nos ilumina, que nos guía, que nos muestra la luz para que no perdamos el camino; que nos ayuda a evitar una caída; que cuando nos caemos, nos enseña a levantarnos para continuar nuestro viaje… Los faros siguen estando ahí y siempre son necesarios, porque nos ayudan a navegar por la vida. No abandonemos a los faros, no pensemos que ya no son útiles, no creamos que se pueden sustituir. Siempre iluminan con la misma intensidad; cuando es de día, y pensamos que tenemos luz suficiente, son un pequeño brillo en el horizonte; y cuando llega la noche, su luz resplandece con mayor fuerza, nos guía y nos enseña la ruta a seguir.

Gracias nuestro querido faro por habernos guiado, por habernos dado la luz en este viaje.