Viajeros de media tarde

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He abrazado a cada uno de vosotros y dicen que incluso ayudé a engañar a los sueños, atrapando la luz de media tarde para hacerla noche iluminada.

Con estas palabras comenzaba cada día un viaje lleno de sensaciones, donde los sueños navegantes de la oscuridad encontraban a la luz del día un deseo de ser convertidos en realidad.

Todos os habéis perdido en algún momento entre mis brazos, cerrando los ojos en busca de un camino desconocido bajo la aparente valentía de la brevedad de su tiempo.

Tú apenas me recuerdas, eras tan pequeño que los recuerdos aún no habían nacido en tu cuerpo. Después de aquellas comidas, tus padres te dejaban a mi lado, confiando en la ternura de mis caricias en tu piel, en las nanas que llegaban a tus pequeños oídos, adormeciendo aquellos ojos inocentes que comenzaban a ver este mundo tan extraño para ti. Apenas te movías y tu balbuceo era el único sonido que se escuchaba en el silencio de aquella hora ganada al día.

Creciste,…. te transformaste en aquel joven risueño, siempre sonriente, que cada mañana anhelaba una nueva aventura. Cada día me buscabas al llegar la misma hora, con la habitación casi a oscuras allí te abrazabas a mí. Me mirabas y confesabas tus secretos, me convertiste en testigo de tus primeros encuentros de intimidad, de descubrirte a ti mismo. Te abracé y en voz baja te conté un sueño, cerraste los ojos, y mientras de tus labios se desprendía una leve sonrisa, los deseos viajaron a otros tiempos que aún estaban por venir.

Con tu madurez nuestra relación cambió. A veces no sabía que te ocurría,…me buscabas pero me sentía apartada de tus sueños. Unas veces me hacías sentir a tu lado y en otras ocasiones me utilizabas para perderte en los brazos de ella. Cuando la amabas, mis celos cegaban mi mirada. Me sentía utilizada, me hacías compartir vuestros momentos de intimidad mientras yo intentaba mirar hacia otro lado. De aquel tiempo sólo recuerdo tu mirada al despertar, en silencio tus ojos expresaban palabras que tus labios tenían prohibido pronunciar.

Con el paso de los años hemos retomado nuestra relación. Ahora compartimos nuestras vivencias, los recuerdos de aquellos días pasados, los silencios y aquellas palabras que tú y yo sólo sabemos. Nuestras miradas se han vuelto sinceras, ya no temes a cerrar los ojos. Cuando te hablo de tu niñez, tu apenas la recuerdas, pero a mí no se me olvidan tus balbuceos, tu piel suave y tersa, tus ojos abiertos al despertar. Hoy vuelves a parecerte a aquel bebé que conocí. De tu juventud me quedan los deseos y la inquietud por convertir el futuro en presente y de aquella época en la que te odié, de esa madurez añorada, hoy sé que me alejaste por amor.

He sido tu siesta, ese breve sueño que interrumpe la realidad de cada día, la que a lo largo de tu vida te ha acompañado a media tarde, la que fue confidente de tus sueños, de los deseos, de lágrimas pérdidas, de sonrisas tímidas y ocultas de secretos guardados.

He sido la siesta que a todos he abrazado en algún momento, la que apacigua el alma en un instante de esta realidad.

¿Sacamos del armario?

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Por fin,…

Ya lo hiciste público, todos lo sabíamos pero necesitábamos escucharlo de tus labios.

Supongo que te habrás quedado tranquila. Bueno,…mejor dicho, ahora ya nos habremos quedado tranquilos. Tú ya lo estabas y lo estás.

Me pregunto por qué has callado lo que todos sabíamos, por qué has esperado todo este tiempo. No entiendo tu actitud, esa obsesión por no hacer público un secreto a voces, que si es a voces, secreto ya no es.

Tu sarcasmo nos mata, quieres convertirlo en burla y encima bromeas, incluso parece que te hace gracia la situación.

Te habíamos marcado, señalado con el dedo, y tú como si nada, como si no fuera contigo. Te empecinaste en guardar silencio,….¿para qué?, para que hables ahora,….no lo entiendo te digo la verdad.

¿Realmente por qué lo has dicho? ¿Tú querías hablar?

Una niña madura. Una mujer madura que muestra su niñez. ¡Jodie!,…tus miedos son los miedos de todos y tu silencio es nuestra bronca voz.

No has salido del armario, entre todos te hemos sacado de él. Y no es por ti porque has salido, es por nosotros, por nuestro maldito afán de saber de los demás, de destruir tu intimidad.

Ahora no coges el teléfono, no sé nada de ti, ¿dónde te encuentras, dónde te has metido? Ahora te vuelves a esconder, de nuevo huyes y ahora ya no sé de que o de quien.

No te preocupes, ya tú no nos sirves, ya buscamos a otros y otras que desnudar, que sacar de ese armario en el que cada uno se esconde, en el que cada uno guarda un secreto.

¿Se sale del armario o los sacamos de él?,….entre todos nos encargamos de romper las puertas para que salgan de él.

Números heroicos

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_ ¿Qué hago aquí?- Aquella pregunta me la repetía una y otra vez.

El día se esperaba caluroso. Que estuviésemos en septiembre no significaba nada. Aún era verano y en Cádiz el calor puede llegar a durar hasta el día de Tosantos. Era el primer día de colegio,….era mi primer día de colegio.

Roberto se había licenciado en matemáticas por la Universidad de Sevilla hacía tan solo tres años. Premio Cum Laude y con un futuro esperanzador, su sueño de trabajar en el Centro de Investigaciones Tecnológicas se había ido difuminando poco a poco, y comenzó a estudiar las oposiciones a maestro. Necesitaba trabajar de lo que fuera, se decía cada mañana al despertar, necesitaba ingresar dinero en casa. Su sueño lo aparcaría, lo dejaría a un lado, no era momento de esperar a que se cumpliera el deseo que había nacido durante los años de carrera.

Las nueve de la mañana. Aquellos pequeños monstruos entraron en tropel, con ese ruido que sólo los niños pueden hacer, con aquellas voces de aprendices de la pillería y la burla.

_ ¿Qué matemáticas podrían aprender aquellos niños? – me pregunté en voz baja, mientras se sentaban.

Un batallón de treinta miradas clavadas en mí. Me sonrojé,… me di la vuelta por un instante buscando una pizarra donde escribir y me topé con una digital. _¿Cómo han cambiado las cosas? – fueron las palabras que recorrieron mi mente.

Al volverme, allí estaban aún aquellas miradas penetrando cada silencio que se hizo durante eternos segundos. Los miré uno a uno, y lo único que se me ocurrió fue decir:

_ ¿Sabéis de la importancia de los números? –

El silencio se hizo interminable, hasta que aquel pequeño de pelo negro, sentado junto a la ventana, levantó su mano.

_Dime – Le dije.

_ Sí son muy importantes, mi madre es el número 189.750 y mi padre es el número 4.575.600 –, dijo con aquella voz tímida, apenas audible para los que estabamos cerca de él.

Lo observé fijamente queriendo encontrar una explicación ante aquella respuesta y él se puso a mirar tras la ventana, pareciendo buscar algo en aquel jardín que rodeaba el colegio. Desvié mi mirada hacia el ordenador, buscando el nombre de aquel pequeño….Luis Carretero Gutiérrez.

_ Luis, ¿puedes explicarnos por favor qué quieres decir? – le dije.

_ Sí claro, es muy fácil. Los números son importantes porque mis padres son números, es así de sencillo.-

Luis se puso a mirar a cada lado y continuó:

_Verá usted,… mi madre es la número 189.750 en la lista de mujeres que han pasado por el Hospital de La Merced porque padece cáncer de mama. Es el número que le dieron al entrar aquella mañana por la puerta del hospital para que comenzaran a darle tratamiento para su cura. Es un número más en el Ministerio de Sanidad, pero ese número es muy importante para mí,…. es mi madre.
Y mi padre es el 4.575.600 en la lista del paro. Lleva tres años con ese número marcado en la frente. Al principio lo ocultaba, se sentía señalado, marcado como en un campo de concentración. Hasta que un día comenzó a mostrárselo al mundo, hasta que dejó de ruborizarse cuando se colocaba en aquella fila de números que iban a sellar un pequeño papel con un número marcado.

Don Roberto,… los números son muy importantes. Somos números y dejamos de serlo, para volverlos a ser de nuevo. Pero son importantes, porque detrás de cada número se encuentra mi madre y mi padre, su madre y su padre y la madre y el padre de aquel.

¡Ah! por cierto don Roberto….mi madre ya no tiene ese número, le han dado otro,… se ha curado, pero de ese número ya nadie habla, aunque yo creo que también deberían hablar de él. Y mi padre,….mi padre todavía tiene ese número, pero parece que lo dejará de tener..