QUÉ ES EL DESAMOR

Hace unas fechas, en el posts que llamé QUÉ ES EL AMOR, transcribí unas palabras del libro de Lucía Etxebarría «El contenido del silencio», en el que se hace una definición exquisita de lo que es el amor. Sinceramente tengo que reconocer que no me canso de releerlo una y otra vez, porque a mi parecer, es una de las descripciones más bellas que leído acerca de lo que es el amor.
Soy de la opinión de que si el amor es el motor de la vida, el desamor, tiene la misma presencia, y al igual que la experiencia del amor es vital, la del desamor es esencial.
Hace unos días nos reunimos en casa de unos amigos, estaba allí, Laura, ojos marrones, de melena larga de color castaño, recogida con una cinta roja, le caía por encima de su desnudo hombro derecho. Se mantuvo en silencio prácticamente durante toda la cena, apenas dijo cinco palabras, y su mirada aquella noche estaba ausente. Laura, extrovertida, risueña, siempre sonriente, era aquella noche otra mujer.
Cuando nos sentamos en los sillones del jardín a tomar una copa, Laura nos miró a todos y nos dijo:
        – Os voy a decir que es el desamor.
Con una voz suave, comenzó a lanzar palabras:

            La oscuridad, el silencio, la soledad,
            mi cuerpo roto.
            Las lágrimas perdidas, el negro horizonte,
            la noche alargada, el día sin sol.
            El frío, el vacío,
            el alma abandonada.

Cuando Laura finalizó de hablar, nuestras miradas se perdieron en la oscuridad de la noche, las palabras se abrazaron al silencio, y aquel llanto sonó como un trueno en el cielo. El desamor había llegado al corazón de Laura, aquella joven de quince años, convertida en mujer, había perdido a su primer amor, el de su enamorada Eva.

EL ESPEJO

Se había convertido en una adicción. Todas las tardes, cuando el sol comenzaba a llegar a su ocaso, salía a correr, era mi momento de silencio, de soledad, de encontrarme a mi mismo, sólo escuchaba mi respiración, mis ojos se perdían en en un horizonte indefinido, parecía trasladarme a un terreno desconocido y a veces casi inhóspito.
Nunca hacía el mismo recorrido, unas veces, junto a la orilla del mar, otras por las grandes avenidas que se habían construido y que se encontraban rodeadas de esqueletos de edificios abandonados, pero siempre cambiando el itinerario. Me sentía observado, y aquello me producía una sensación de miedo insuperable, de completa inseguridad. Sin embargo, al poco tiempo me percaté de que a diario, pese a que cambiaba el recorrido, inconscientemente, siempre pasaba frente a aquel enorme de edificio de cristal, con aquellos espejos que reflejaban los últimos rayos de sol del día.
Poco a poco aquel espejo se convirtió en mi gran confidente, cuando pasaba frente a él, sentía la complicidad de lo que realmente se escondía dentro de aquel edificio. Las miradas de su interior, éstas sí me resultaban agradables. Ralentizaba mi carrera, disminuía mi esfuerzo, iba más despacio, me recreaba frente a aquel enorme espejo. Me observaba y me daba seguridad, me daba sensación de bienestar, aquel espejo se había convertido con el paso de los días en mi fiel protector.

Y aquella tarde, nublada, oscura, descubrí que el espejo había desaparecido, aquel enorme cristal había sido destruido por una pequeña piedra despedida por el paso de un coche y había conseguido que aquel enorme espejo se conviertiera en pequeños trozos de cristal y que se desmoronara sobre aquella acera de grandes losas. Ya no se encontraba allí, aquello me llenó de desesperación, de una enorme irritación, de inseguridad,… Que sería ahora de mí, no me reconocía a mi mismo. Me había dedicado a ser de los demás, me perdí en lo que otros querían que fuera.

En aquel instante me descubrí totalmente desnudo, no me reconocía, me vi como realmente era, y no como quería que me vieran los demás.

 

PALABRAS PERDIDAS

En aquellos días la ciudad estaba más caótica de lo habitual y el tráfico era insoportable. La reunión de los presidentes de los países de la Unión Europea había provocado un notable incremento de los controles de seguridad y el cierre a la circulación de las principales calles y avenidas de Sevilla.
Llegamos al aeropuerto a toda prisa, con el tiempo muy justo, dejamos el coche en el parking mal estacionado, y casi sin hablarnos nos dirigimos corriendo a la puerta de salida. Justo antes de entrar por aquellos pasadizos serpenteantes que daban acceso a la puerta de embarque, nos abrazamos para despedirnos y nos besamos casi sin acariciarnos los labios. De repente, en la pantalla se anunciaba que el vuelo IB2025, con destino a Barcelona, saldría con retraso, nos miramos y tuvimos un gesto de contrariedad e impotencia.
Aquello fue un instante, pequeño en el tiempo, casi inapreciable, pero fue un regalo del destino, aquel suceso casi inesperado era el momento adecuado para decirle lo que en el coche, en el trayecto hasta el aeropuerto, no le había dicho:
Cariño,
ha sido un gesto inconsciente.
Ayer, cuando el pequeño se fue a la cama, quise decírtelo,
me dijiste que tenías que ver las notas del trabajo,
y yo, yo busqué también una excusa para no hablar.
Al final, te lo quiero decir,
te di la espalda, pero realmente no había intención.
A veces, cometo estos errores,
y sólo puedo pedirte disculpas.
Parece que no encontramos el tiempo para hablar,…..
                   

Pero sentado en aquella incómoda silla de plástico durante más de una hora, esperando al vuelo que me llevaría a Barcelona, me dí cuenta otra vez, recreé en mi cabeza ese solo instante, pequeño, muy pequeño, y me repetía, por qué esas palabras no te las dije antes de entrar en la zona de embarque, por qué he creado una conversación inexistente, por qué en el momento de ver que el vuelo saldría con retraso, en lugar de despedirme de ti con un abrazo frío y distante, no decidí estar junto a ti, y haber tenido estas palabras que sólo han permanecido en mi cabeza y nunca salieron de mis labios.

Cuantas veces no ocurre lo mismo, cuantas veces se repite la misma historia, siempre soñando unas palabras que se querían haber dicho y que siempre hemos dejado pasar, perdiendo palabras en el silencio y recreando historias que simplemente se quedan en el pensamiento.