HAN ARROJADO LAS ALAS A LA HOGUERA

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Cometí el pecado de la soberbia,
por asomarme a la fuente de los deseos,
para encontrar en sus aguas
el reflejo de tu rostro
y mojarme la cara para imaginar tu boca.

Cometí el pecado de la envidia,
por sentarme bajo el árbol de la vida
para cobijarme bajo tu sombra de hojas caducas,
y esperar a que el invierno no llegara.

Cometí el pecado de la avaricia,
por pronunciar tu nombre cada noche
y convertir los sueños
en un reo enjaulado del insomnio.

Cometí el pecado de querer marcharme de este mundo,
de cerrar las puertas y arrojar las llaves
para transformarme en ese ángel caído
y que arrojaran sus alas a la hoguera.

Cometí el único pecado que no tiene perdón,
simplemente porque fue la alevosía de mi manera de amar,
la que hizo que esperara al juicio final
y ante el tribunal de la conciencia,
la sentencia me condenara a tener de nuevo unas alas,
unas alas que nunca volverían a volar.

AMOR A PRIMERA VISTA

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Entre el ruido de los coches
que aceleran al pasar por la esquina
y las motos que se escapan de los semáforos en rojo.

Entre los gritos de los niños
que salen del colegio un viernes a mediodía,
y dejan vacías las aulas con el sonido del silencio.

Entre las máquinas excavadoras que rompen el asfalto
de la plaza que han cambiado su nombre
y no aparece en el Google Maps.

Entre la lluvia que llega,
en este otoño que aún no ha comenzado
y el olor a castañas que no saben a tierra.

Entre las caricias de sus manos
que han palpado las mejillas que arden
por el calor de dos cuerpos que nunca se han visitado.

Entre tanto que dicen,
son sus ojos que no pueden ver,
pero que saben mirar en la oscuridad de su ceguera.

Y de entre tanto y tanto,
la gente murmura,
dicen que fue un amor a primera vista,
pero que ninguno de los dos,
vieron llegar.

EL LUGAR PERFECTO PARA MORIR

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Anoche descubrí el lugar perfecto para morir,
el precipicio donde observar mi caída libre
a la esclavitud de un abismo
que el futuro esconde ante nuestros ojos.

Anoche descubrí el lugar perfecto para morir,
el acantilado sobre el que arrojarme,
donde el eco del silencio grita mientras desciende
y escucha cómo el vértigo tiene miedo de sí mismo.  

Anoche descubrí el lugar perfecto para morir.
Mientras el levante era nuestra banda sonora,
perdí el equilibrio al borde de la medianoche
y salté al vacío donde el cobarde escapa de su trinchera.

Anoche descubrí el lugar perfecto para morir,
donde se escondía la codicia del deseo,
la lujuria de una noche de insomnio,
los pecados que no anhelan redención.

Anoche descubrí,
que tu cuello era el lugar perfecto para morir.