EL DESTINO DEL PASADO 

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Reloj, de pasado sol y arena,
encierra la música del paso de las horas,
en su moderna máquina de acero.
Comienza su frenesí,
¿dónde ha dejado la pausa de su lento caminar?
En su interior, bajo su cristal,
las afiladas dagas cortan el aire
de un espacio sin oxigeno que se hace irrespirable,
caminando sobre sus pasos acompasados
dejando atrás lo que un día fue,
y tal vez no quiso ser.

En algún lugar de algún momento
tormentas y calmas se encuentran
en esa deriva del juego del tiempo.
Futuro y pasado cruzan sus miradas,
se saben distantes, alejados en silencio
en un presente que olvidamos,
abandonado a ese azar
que se desnuda con ese nombre que llamamos destino.

AMNESIA

Un día más. Son las primeras palabras que salen de los labios de Ricardo en el silencio de la mañana, mientras se levanta de la cama y pone el pie izquierdo en el suelo. Un día más, repite mientras enciende la luz del cuarto de baño. Como un ritual diario, levanta la tapa del váter para orinar y cuando mira de reojo hacia abajo, levanta su mirada hacia el techo y piensa que es otro día más. Con esas tres palabras, Ricardo muestra su hastío por el día a día, por esa sucesión de horas que tiene por delante y que no parece que se llenarán de momentos, sino que se vaciarán de instantes. Un día más, vuelve a repetir mientras se mira al espejo y comienza a pasar la cuchilla de la maquinilla de afeitar por el cuello. Con tres palabras, Ricardo no parece encontrar la salida a una situación que le hace agonizar el presente, y empieza a pensar que lo único que quiere, es olvidar.

Las diez de la mañana. Han pasado tres horas desde que Ricardo está despierto. Se sienta detrás del mostrador. Desde hace unos años, a primera hora de la mañana, ya no entra nadie en la tienda. Se dispone a leer el periódico. Lo abre, y ojea tan solo cinco o seis páginas. Sus dedos pasan las hojas y sólo se detiene en un par de noticias. Los diarios se han convertido en un relato de sucesos, dice en voz alta y hablando solo. Un nuevo caso de corrupción, un conflicto bélico en el Medio Oriente, otro caso de violencia de género. De la sección de deportes no quiere saber nada, porque ayer noche perdió su equipo por goleada. Una sonrisa sale de sus labios cuando se detiene en esa página que siempre ha dejado atrás pero que hoy llama su atención. Ricardo se ajusta las gafas. Busca su horóscopo. Le hace recordar su fecha de nacimiento. Se pierde y sonríe. No sabe el orden que siguen esos signos del zodiaco. Por fin lo encuentra. Se ha puesto a leerlo. Apenas cinco líneas donde hablan de su futuro.

Hoy será un gran día, olvida todo lo que pasó ayer. Hoy no es un día más, hoy es otro día, muy diferente al de ayer. Eres una persona afortunada, si no tienes trabajo, hoy se te van a presentar importantes oportunidades laborales. En el dinero, todo marchará viento en popa. Con la familia, algunos desencuentros sin importancia. En el amor, te reencontrarás con una persona de tu pasado que te hará revivir los recuerdos que habías decidido un día olvidar.

La una de la tarde. En una hora cierra la tienda. Un día más, piensa. Otro día para olvidar, dice en voz baja. No ha entrado nadie en la tienda en toda la mañana. La caja está vacía. Acaba de consultar el saldo de la cuenta corriente por internet, y parpadea sin parar. Un número para olvidar, que aparece y desaparece de la pantalla, como los números de esos monitores que en los hospitales controlan los latidos de nuestro corazón y te recuerdan que la vida se puede detener en un instante. Su horóscopo vaticina mal su fortuna económica, dice de nuevo Ricardo hablando solo. Un día más para olvidar.

Ricardo mira su reloj de pulsera. En quince minutos se marcha a su casa para almorzar. La puerta se abre. El calor de la calle inunda por un instante el frescor que hay en el interior de la tienda. Se quita las gafas que sólo utiliza para leer. Una mujer entra de forma decidida. Sus pasos muestran seguridad. El sonido de sus tacones ya dice mucho de ella. Es muy atractiva. Su cabello rubio recién peinado. Seguro que viene de la peluquería, piensa Ricardo, mientras recoge del mostrador las facturas que mañana tiene que pagar. Un metro sesenta de altura. Una talla treinta ocho. Ricardo lleva muchos años detrás del mostrador y sabe bien de lo que habla. 

_ Hola Ricardo, dice aquella mujer, mientras se quita las gafas de sol. 

_ Hola…

Ricardo saluda pero se queda algo confuso porque desea pronunciar el nombre de aquella mujer que resulta a primera vista desconocida para él. La observa. Tarda unos segundos más, aún no la ha reconocido. Pasan otros cinco segundos. Ahora sabe quién es. ¡Carolina!, pronuncia Ricardo su nombre, mientras abre sus ojos con cara de sorpresa. Ricardo se sonroja. Hace muchos años que no se ven. Carolina fue la primera mujer a la que besó. Igual al horóscopo no le falta razón, piensa Ricardo, mientras le da dos besos.

Ya ha pasado media hora desde que dio las dos de la tarde. Ricardo se debería haber marchado a casa para comer, pero allí se encuentran los dos, en plena conversación, mientras ella va acumulando sobre el mostrador, tres camisas, dos faldas, dos pañuelos, un pantalón y dos vestidos. Ricardo se siente feliz y piensa que el horóscopo tenía mucha razón. Quizás no sea un día para olvidar.

Se escucha un fuerte golpe. Carolina sale algo aturdida del probador. No le ocurre nada, todo queda en un susto sin importancia. Carolina tiene prisa, debe marcharse ya. Saca su tarjeta de crédito del bolso para pagar la compra. Ricardo la pasa por el datáfono. Novecientos veinte euros. Ahí tienes, ya puedes introducir tu número secreto, le dice Ricardo.

Carolina se queda paralizada. El golpe tiene que haberla afectado. Mírala. Ahí está. Inmóvil, impasible. Ha dejado su mirada perdida tras los objetos que se encuentran detrás de mí. Los está mirando, pero no los observa. Desde hace unos segundos, sus párpados han dejado de pestañear. Sólo el pecho agitado por una respiración que se acelera cada vez más deprisa es lo que me dice que se encuentra viva. Quizás sólo su corazón esté latiendo y su cerebro lo haya dejado morir. Pero no. Está sudando y los muertos no sudan.

– Dime algo Carolina, le dice Ricardo en voz baja.

Carolina sigue callada. Ninguna palabra más. Ya ni recuerdo lo último que me dijo. Sus labios se han cerrado de tal manera que cualquier palabra que quisiera salir de su boca se vería atrapada por esas rejas que el silencio ha cosido en un instante. Sólo se escucha la música de fondo. Y su respiración. De su nariz entra y sale el aire sin parar. No es un buen momento para olvidar, le dice Ricardo a Carolina, mientras ella ya parece vivir en otro lugar.

NUNCA PENSÉ CRUZARME CON UN HÉROE 

  

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

Hoy quisiera hablarles de Paco. Paco no se llama Paco en realidad. Paco se llama también  José, Agustín o Jerónimo. O a través de un simple giro, Paco puede llamarse Carmen, Julia o Maria. Eso tienen algunas licencias literarias,  que se puede de repente transformar un personaje en otro y hacer de la realidad un mundo diferente. Y es que eso de la imaginación tiene más poder de lo que creemos, porque hacemos de ella un mundo, y a veces pienso que la realidad es real gracias al poder que nos da imaginar.

Paco es un poco de todos, pero Paco es tan libre como para no ser de nadie. Paco es un personaje anónimo, un perfecto desconocido para la gran mayoría. Menos para su entorno. Para su entorno es un ser extraordinario, un ser casi único que ha entrado en esa categoría que muchos denominamos, héroe. Lo que ocurre, es que no somos muy dados a no valorar a los héroes anónimos, porque una vez que los descubrimos, y en ese ánimo de infravalorar lo de los demás, deseamos convertirlo en una categoría superior, en esa que no es de este planeta y que llamamos superhéroe, con el simple ánimo de menospreciar. Lo lamento por esos que adulteran el sentido de las palabras. Paco no lleva un traje sobrehumano, ni se pone un disfraz azul con unos calzoncillos rojos, ni capa que le permita volar. Paco no se viste de negro y deambula de noche por las calles de nuestras ciudades, como un salvador de los males y de la infamias que afectan a la humanidad. Paco es un tipo bastante normal que se incluye en la categoría de lo que todos siempre hemos conocido como un ser común, que algunos prefieren injustamente llamarlo vulgar, pero que se ha convertido para los suyos en un héroe al que hay que seguir. 

Eso sí, Paco es un ejemplo a seguir, pero que no a imitar, porque imitar supone perder tu propia identidad y Paco está en contra de todo aquello que te lleve a no ser tú mismo. En eso, en su forma de pensar, Paco es un tipo bastante particular.

Hace unos días, unos lo llamaron temerario e imprudente. Y quizás no le faltaran mucha razón a esos que así lo calificaron, porque es cierto que algo de temeridad tuvo que existir para afrontar una aventura como la que emprendió aquella mañana. Otros, lo miraron con absoluta indiferencia y con una gran dosis de desprecio. La indiferencia todavía la puedo admitir, que no significa que la llegue a comprender, porque comprender lleva mucho de justificar. Pero el desprecio no lo pienso tolerar, porque juega más allá de un tablero donde las reglas no existen, y no entra dentro mis principios que el desprecio se convierta en algo que alabar, cuando más bien, supone algo que haya que erradicar. Pero claro, ese desprecio encuentra aún mucho apoyo por tantos y tantos que a lo largo del día, van por la vida a toda velocidad y menospreciando la vida de los demás. 

Aquella mañana, Paco supo cruzar la frontera y convertirse en un héroe. Paco quizás tuvo esa fortuna que todos deseamos tener, pero que él también se la supo a ganar. Durante el viaje que emprendió aquella mañana vio que otros como él quedaron en el camino. Otros que también recibieron insultos, menosprecios y burlas, yacían olvidados, pero que no dejaron de ser héroes porque el hecho de solo intentarlo ya supone un alto grado de heroicidad. 

Paco puede ser tú mismo, él o ella, ellos, vosotros y nosotros. Paco somos cualquiera de los que nos rodea y puede estar a tu lado, sin que te percates de ello. Pero en este caso, Paco es pequeño animal que cruzó una carretera, superó una frontera, por donde los demás viajamos a una gran velocidad sin percatarnos de esas otras vidas con las que nunca pensamos que nos íbamos a cruzar.