NOCHES DE CAOBA

 

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Naciste en la madera rota del tiempo.
Alcohol derramado en la piel
de cristales que se quiebran en la copa,
de tu aroma se llena el aire.
No buscas sueños, ni otros mundos donde vivir,
eres infierno oculto de un falso paraíso.

Sientes la intimidad de la noche,
de realidades escondidas detrás de cada sorbo
como naipes mezclados que desvelan la vida al azar.
Perfumado líquido de ebrio final,
dejaste calles vacías de silencio, ¿qué fue de la noche?
Niños vestidos de hombres, frontera de juventud,
oscura inmadurez de ojos fugados de la infancia
que el atardecer se llevó en el horizonte.

De bar en bar, tinieblas con olor a tabaco,
atmósfera de ahogo. No escuchas la música,
pentagrama de sordas letras perdidas. Ruido,
en barras húmedas de estúpidas risas de nostalgia,
lágrimas secas del anhelo
caen al suelo atrapadas en la voz de unos labios callados.

Esquinas impúdicas de noctámbulos, rincones
de pasos caídos en el olvido.
Cálido amanecer invernal, frías noches de verano.
Se desliza por la garganta, seco, dulce y ardiente,
elixir del olvido, verdugo de recuerdos arrastrados en el fango.
Observo el distorsionado cuerpo del amor
entre las gotas que descienden por las laderas de la oscuridad.
Noches de whisky caoba dejaron una secuela,
varado en la orilla del olvido, un recuerdo que dejó atrás su final.

A CONTRALUZ

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La cama sin deshacer del amanecer,
la inmóvil mecedora de sueños desvanecidos.
Las cortinas descorridas de la noche,
el tapaluz de una ventana tapiada.
Espejos que reflejan la oscuridad.
Contraluz.

El horizonte sin bruma del atardecer,
los rayos de sol entre un cielo vestido de nubes.
Desierto de arena mojada,
lluvia seca de lágrimas.
La envidiosa noche que anheló la luz.
Contraluz.

La fotografía que nunca dejó un recuerdo,
el olvido que siempre estuvo presente.
Estanterías de libros sin palabras,
una radio muda de música y voces
y que sintoniza el silencio.
Contraluz.

Laberintos y calles sin salida,
de eterno retorno al final.
Mapas sin longitud ni latitud,
rutas de un destino escrito y por escribir.
Contraluz.

Charlatanes de feria en auditorios de soledad,
caminar sentado desde un incómodo sillón.
Como querer estar en paz sin haber estado antes en guerra,
somos soldados de plomo fundido.
Momentos de la vida que dibujamos a contraluz.