Feliz año

20121230-082454.jpg

Llegas cada año para no quedarte,
expectante….
te esperamos mirando las manecillas del reloj
sin percatarnos de un tiempo que transcurre.

Tic, tac, tic, tac,
queda poco,
te vas, nos dejas.
¿Ya te marchas? ¿de esta manera?
Me haces recordar cada momento pasado
y ahora pides paso a otro tiempo.
Ya no quieres que siga recordando,
sólo que piense en ti
entre sueños y deseos.

Tic, tac, tic, tac.
Te has ido,
me dices que ya te fuiste
y quieres hacerme ver que eres pasado lejano,
que eres otro diferente.
Pero te miro y ahí te tengo,
cercano, muy cercano.
Son recuerdos,
lo sé,
pero no es distante en el tiempo.

Tic, tac, tic, tac.
Ya estás aquí,
te has presentado.
Has entrado educado llamando a la puerta.
Mientras nos miramos,
sonreímos.
Dos palabras recorren nuestros labios.
Tic, tac, tic, tac,
Te amo.

La mirada del mar

20121207-054928.jpg

Las letras sueñan por nacer de tus labios,
de convertirse en palabras cada mañana
cuando la noche quiere hacerse dueña de tu mirada.
En lejanas estrellas
que buscan tu sonrisa escondida en un recuerdo,
un secreto ha callado.

Amanece y tus ojos se encuentran con el mar,
gotas de agua salina que descienden por tu fina arena
con el deseo de acariciar la orilla de tus labios.
¡¡Me silencias, me callas!!,
no dejas que el aire de mi océano te arrope
en la mañana oscura
y en tu mirada busca refugio un misterio.

Sentada sobre las rocas,
ries.
Tu mundo,
un espacio diseñado de sueños del que huyes con letras,
de líneas de esperanza trazadas en el aire
y curvas dibujadas en pentagramas de color.
Lápices, tintas, escuadras, papel,….
estructuras proyectadas en trazos de una vida imaginada.

Y ahí te encuentras cada mañana rompiendo la noche,
con un planeta de cristal que te acompaña
y en tus ojos, un secreto,
en tu media sonrisa, un deseo.
Anhelo despertar al alba con tu rostro
y descubrir una voz que susurre tus sueños,
de olas calmadas y mar sereno,
por una brisa marina que se abraza a tu cuerpo
y tu hombro desnudo acariciado por el cabello.

Tres globos de colores

20121201-151057.jpg

Otro viernes. Cuando llega este día su sonrisa le delata,…es otro hombre. No lo soporto más y de hoy no pasa.

Los viernes de estos últimos seis meses, Carlos, un maduro arquitecto sevillano, había dejado de ir a casa para almorzar. Le había dicho a su esposa que se había encontrado, después de muchos años, con dos amigos íntimos de la infancia y que habían decidido quedar ese día de la semana para comer juntos, hablar de sus vidas y recuperar la amistad perdida en estos años. Con Casimiro, dueño de un taller de reparaciones de vehículos, y Adolfo, que había sido despedido recientemente de una empresa de telecomunicaciones, de la que había sido director comercial.

Aquel mediodía le esperé escondida junto a su estudio de arquitectura. Estaba convencida de que aquella historia de sus amigos era falsa, había repasado la lista de invitados de nuestra boda que conservaba junto al álbum de fotos, y aquellos nombres no aparecían por ningún lado. Era una mentira que tenía que sacar a la luz. En los últimos meses, Carlos se había vuelto distante, algo más silencioso de lo habitual, durante la semana únicamente hablaba de trabajo, pero cuando llegaba el viernes, su rostro cambiaba completamente. Era evidente y no podía ser de otra manera,… tenía una aventura y se estaba viendo con otra mujer.

Carlos salió rápido del trabajo, le noté inquieto y muy nervioso. Mientras caminaba de forma apresurada se fue quitando la corbata, como si le ahogara, y apenas pude seguirle los pasos. En todo momento intenté que no me viera, que no notara mi presencia, mi respiración se agitaba a cada instante, entre el caminar acelerado y mis propios nervios por descubrir lo que a cada momento se hacía más evidente. De repente,…al girar en una esquina, se detuvo en lo que parecía un pequeño bar que había situado junto al Hospital de la Caridad, y cuando fue a entrar, miró a cada lado, como si huyera de alguien. Pensé que me había descubierto, pero la ansiedad le pudo y daba la sensación de que no miraba realmente lo que ocurría a su alrededor. Me acerqué a la ventana de aquel bar y allí estaba, riendo, hablando en voz alta, gesticulando con sus brazos más lo normal en él,…se le notaba feliz de estar allí. Comenzó a quitarse la chaqueta y a poco que observé, comprobé como detrás de un pequeño biombo había alguien más. Carlos pasó detrás de aquel separador que dividía un gran salón interior con la zona de la barra del bar, y al cabo de unos minutos, y cuando ya me había dispuesto a entrar y enfrentarme a aquella situación, el miedo me paralizó. No supe reaccionar, no sabía que estaba pasando, retrocedí y me escondí detrás de una furgoneta que había junto al bar, no quise mirar, cerré los ojos,….y en ese momento….reconocí la voz de Carlos.

¿Que estaba yo haciendo allí?, me pregunté. El corazón me iba a explotar, la respiración me faltaba, el sudor bañó mi cuerpo cálido, mis manos y mis piernas comenzaron a temblar y repentinamente caí al suelo,…perdí la conciencia.

Dos horas después desperté en el hospital. Una vez recuperada del desmayo, crucé por un largo pasillo de vivos colores, lleno de pinturas y dibujos, y de aquella habitación venía un bullicio fuera de lo normal para un hospital, donde se escuchaban risas y voces cantando. No pude evitar la curiosidad, me acerqué a la puerta y cuando miré por la pequeña ventana que tenía….allí estaba Carlos, vestido de payaso, jugando con los niños, haciéndoles reir, cantando con ellos, abrazado a todos.