Cinco segundos y un instante

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Cinco segundos.

Desde mi pedestal observé el enorme salón-comedor en el que se había convertido aquella vieja choza. Mis padres habían transformado aquel cobertizo de cañas y maderas en una lujosa casa de campo, llena de aperos de labor que colgaban de las paredes y de fotografías en blanco y negro de mis abuelos en plena faena agrícola.

Aquella casa tenía algo especial, siempre se respiraba un ambiente de serenidad y soledad, de silencio y bullicio en el tiempo detenido y del paso de las estaciones entre besos robados en la intimidad. Lo único que quedaba en pie de la choza era el techo. Mis padres habían decidido conservar las maderas de aquel tejado como recuerdo de un pasado lejano lleno de penurias, pero en los que se cobijaban los sonidos y las imágenes de nuestra niñez.

Cuatro segundos.

Kjrggg, la madera de aquella viga crujía como nunca.

Aquellos troncos de eucalipto se cruzaban en el techo en una cuidada arquitectura, sosteniendo una techumbre de cañizo que abrigaba el centro de la casa de las frías y húmedas noches de invierno y alejaba el calor de esas tardes de verano que en esta parte del mundo se hacía insoportable.

La madre. Así llamaba mi padre a aquella viga que cruzaba todo el centro del salón y que soportaba el peso de la casa, que la dividía en dos, pero que sólo ella la tenía unida. Aquel grueso tronco deforme, de piel tosca pero fuerte, y en cuyo centro se encontraba marcado a navaja un pequeño corazón con los nombres de mis padres en su interior, soportaba realmente la estructura de aquel pequeño palacio de vivencias. El paso de los años no había debilitado la fuerza de aquella viga de madera y cada año que pasaba parecía encontrarse más robusta aún.

Tres segundos.

Mis manos te sujetaban por última vez.

Dos cuerpos, una vida en dos vidas, un cordón que nos unió un día y que regresó ahora para estar a nuestro lado. Entre mis manos sujeté con fuerza aquel lazo, como aquel que un día nos unió y que cortaron para separarnos, pero que siempre nos mantuvo unidos y que hoy nos volverá a unir.
Lo he acariciado y he sentido la fuerza de su piel. Mis dedos han recorrido cada milímetro de su fibra, buscando una palabra entre los silencios que me entregó, pero que jamás tuve la fortuna de encontrar. He sentido como mi cuerpo se entregaba a él, quedando poseído por su fuerza, por su callada forma de hacer guardar un secreto, de convertirse en el único conocedor de mi última voluntad.

De mi garganta ya no salen palabras para hablarle a aquella cuerda que me abrazó en un extraño deseo de encontrarnos por última vez.

Dos segundos.

Todos llegaron en un instante.

Nunca supe realmente como de repente todos los recuerdos se volcaron en mi memoria, cómo empezaron a navegar uno tras otro de forma aparentemente desordenada pero mostrando cada instante de mi vida. La niñez, la juventud, una incipiente madurez, todos los momentos que la mente había guardado en un pequeño rincón de los recuerdos y que en aquel momento salieron a la luz.

Los años convertidos en un breve instante, un pequeño momento casi inapreciable que se marcha y deja atrás una respiración.

Un segundo.

Mis ojos se cerraron, querían dormir.

Fue la última vez que vería aquella luz de la mañana entrando por la ventana de la casa de campo. Aquellos rayos de sol que despertaban las voces de cada amanecer y que rompían el extraño silencio de la noche en medio de aquella naturaleza creada por la mano del hombre, comenzaba a desaparecer. Mis ojos no quisieron ver.

Me pregunté cómo es posible que con los ojos cerrados, nuestras miradas puedan observar cada rincón de la casa, cada detalle, cada imagen de nuestras vidas.

Ya.

La puerta se abrió de un fuerte golpe. María entró rápidamente y se abrazó a mis piernas. Abrí los ojos y la observé, sin lágrimas, sin palabras, sólo una mirada. Mis hombros se relajaron y mis piernas dejaron de temblar, sintieron la fuerza nuevamente de la realidad, del regreso a este mundo, y mis manos sudorosas desataron lentamente el nudo de una cuerda que se quedó unida a mí, abrazando mi cuello a aquella viga de madera.

Me aferré a la vida.

¿Estamos en la posguerra de la tercera guerra mundial?

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Seis, siete, ocho,….a estas alturas qué importancia tiene saber cuántos años hace que comenzó esta dichosa crisis que dicen que es económica, pero que además se ha transformado en una crisis social, política y de principios y valores. Durante estos años hemos asistido a la aparición en el mercado de innumerables obras, escritas por grandes expertos, para explicar el porqué de esta crisis, de sus causas, de cómo la estamos pasando (como si no lo supiéramos) y de cómo podemos salir de ella. Lo que resulta indudable es que como toda crisis, ésta llega y se va, pero lo que ocurre es que ésta ya está tardando demasiado tiempo en marcharse….y me callo el exabrupto.

¿Qué se podría haber evitado?, es posible, no es algo que vaya a discutir, aunque lo dudo, porque entiendo que toda crisis es necesaria para mantener los equilibrios y los desequilibrios de la economía. Pero lo que sí considero es que esta crisis, que tanto insistimos en llamarla crisis, se ha convertido realmente en la tercera guerra mundial. Sí, sí, lo que escuchas,…una guerra mundial.

Existen determinados factores que ahora con la perspectiva que empieza a dar el tiempo, nos puede llevar a pensar que todo lo vivido en los últimos años, y lo que aún estamos viviendo, suponga realmente que hayamos estado inmersos en una guerra mundial y que en estos momentos nos encontremos en una época de posguerra. Estos elementos que a continuación pasaremos a relacionar y que se suceden prácticamente de forma sucesiva en el tiempo, no tienen porqué tener conexión alguna, y no voy a pensar que todo lo ocurrido ha sido diseñado por fuerzas superiores y extrañas, pero sí considero que tienen cierta relevancia para llevarnos a la idea de que estamos ante la tercera guerra mundial o mejor dicho en su posguerra.

Crisis sanitaria. El primer factor destacable lo encontramos con la epidemia de la gripe aviar, después convertida en amenaza de pandemia. Aunque ésta tiene su origen allá por el año 2003 en la zona del sudeste asiático, no olvidemos que fue en el año 2006 cuando toma auge y relevancia mundial, movilizando a todos los sectores y organismos mundiales y nacionales para hacer frente a la misma. Tras asistir de forma diaria a un aluvión de noticias sobre muertes y contagios masivos provocados por aquel virus, ahora nadie habla de él, y da la apariencia de que el número de muertes ocasionadas no han sido tan relevante como es de presuponer, y que por lo tanto, no es comparativamente similar al producido por otras enfermedades o sucesos. Igualmente, ahora nadie recuerda además los gastos sanitarios sufridos por la compra masiva de una vacuna que curiosamente surgió prácticamente de forma repentina y que con posterioridad hemos conocido que muchas de ellas quedaron almacenadas, sin apenas ser usadas, con el consiguiente gasto público, lo que puso en evidencia la existencia de un verdadero fraude. Y por último, resulta llamativo que nadie ha respondido y haya asumido su responsabilidad por la mala gestión de aquella situación.

Crisis alimentaria. Posteriormente durante los años 2007 y 2008 se produjo la subida de los precios de los alimentos a nivel mundial, provocando una importante crisis alimentaria, que llevó a la inestabilidad de los sistemas políticos en diferentes países y consiguientemente a cambios de gobierno. Esta crisis alimentaria que fue de la mano de un aumento del precio de los combustibles, es sin duda alguna de gran relevancia, pese a la escasa importancia que en la actualidad le concedemos. No cabe duda que esta crisis alimentaria ha sido desencadenante de posteriores conflictos bélicos en determinadas zonas del planeta.

Crisis financiera. En tercer lugar, la crisis financiera que nace en el año 2008 en la mayor potencia mundial y que algunos dicen que ya se cerró el pasado 2012. Esta crisis que surge en EEUU con ocasión de las llamadas hipotecas subprime y el derrumbe del mercado inmobiliario estadounidense (que se produce entre los años 2006 a 2008), ha desestabilizado de tal manera el sector financiero mundial, que sus efectos indudablemente trascienden aún en el tiempo y ha provocado una enorme desconfianza en el flujo monetario. Una vez mas se repite aquí la cuestión, como es la inexistencia de la asunción de responsabilidades por ningún tipo de entidad, organismos o personas.

La «primavera árabe». Los conflictos bélicos en el Próximo y Medio Oriente, ya sean los históricos entre Israel y Palestina, así como los producidos en Egipto, Irán, Irak, Líbano, Siria, Afganistán.., e igualmente los que se producen en el continente africano, han supuesto la expresión real y efectiva de los conflictos armados en esta tercera guerra mundial. Pese a que existen multitudes de conflictos bélicos que no vemos, simplemente porque no salen en la prensa y en los medios de comunicación, resulta llamativo que el estallido de todos los movimientos y conflictos recientes se han producido en una misma zona geográfica, aún a pesar de que tradicionalmente se haya considerado una zona de gran inestabilidad.

Crisis económica, política y social en Europa. Los europeos que nos hemos considerado históricamente el ombligo del mundo, estamos inmersos en una crisis no ya solo económica, sino social, política y de los propios valores y principios que deben imperar en toda sociedad avanzada. Esta crisis mundial, o mejor dicho esta tercera guerra mundial, ha vuelto a traer a Europa una situación de inestabilidad evidente, y hemos perdido los principios y valores como referentes de una sociedad estable y madura, como podemos considerar la europea. Hemos perdido nuestro papel de influencia política y económica mundial y esta crisis ha venido a poner de manifiesto, la escasa intelectualidad europea y sin duda alguna, visto comparativamente, no resulta muy diferente la posguerra europea de la segunda mundial, con la situación que actualmente estamos viviendo en Europa.

Por lo tanto, cada vez resulta mas evidente que nos encontramos en la posguerra de la tercera guerra mundial, de ese conflicto global que nos ha azotado de una manera «silenciosa», donde las armas que habitualmente se utilizan en un conflicto bélico, se han sustituido por otras armas más sutiles, pero cuyos efectos son igual que aquellos o incluso más dañinos. El miedo a perder la vida en una epidemia, el terror a pasar hambre por la «inexistencia» de alimentos por el incremento de sus precios y el miedo a perder el dinero por un sistema financiero perverso, ha producido una crisis politica, social y de valores de gran intensidad.Y visto todo ello de manera conjunta y global, donde nos ha llevado realmente esta situación de crisis es a vivir un momento de posguerra, en la que se está pasando hambre, donde los recursos económicos los tienen sólo unos pocos y donde el afán de supervivencia a costa de otros, se hace a cambio de perder valores y principios que habían sido construidos a lo largo de los años y que se han venido destruyendo de manera lenta y callada.

Y ahora bien, lejos de lanzar un mensaje catastrofista, que en ningún caso es la intención, lo que entiendo es que debemos tomar conciencia socialmente de la necesidad de recuperar determinados valores y principios que son los pilares de una sociedad y que deben ser realzados y puestos al frente de cualquier movilización social, económica y política, y en este sentido un principio como es la solidaridad, se ha demostrado una vez más que es una pieza esencial y una herramienta principal para salir de esta situación de posguerra.

Las gemelas del mar

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María y Francisco, Carlos y Roberto, Marta y Jorge, Laura y Silvia….Aquel banco de madera deteriorado por el sol y la lluvia se había convertido en un libro de relatos de amor, que hablaba de confidencias y secretos, de caricias llenas de timidez, de la inocencia de los primeros besos y de los fracasos de un amor de juventud. Cada tarde me sentaba en él y mientras leía aquel libro, mi soledad se encontraba rodeada de todas aquellas historias, de sueños por vivir y de sueños que habían quedado rotos y que anhelaban encontrar nuevos recuerdos.

Mis manos recorrían lentamente cada nombre allí grabado inserto en corazones flechados y los dedos se rasgaban entre aquellas aristas de pasión, locura, deseo y dolor. Imaginaba las miradas cruzadas de aquellos enamorados que hacían público su amor, guardando el secreto de sus rostros, de sus palabras envueltas en susurros y de aquellas manos entrelazadas que descubrían el éxtasis de un primer amor.

Oculto entre los arbustos del parque, aquel banco asomado a la bahía que se abría cada tarde a mis ojos, entre las lanzadas de las cañas y el graznido de las gaviotas, era habitado por corazones desatados que se atrapaban entre sonrisas, susurros y besos. Y frente a él,…el mar abierto, casi siempre azul, se pintaba de gris verdoso los días nublados albergando en su fondo los sueños de los viejos pescadores que se hacían a la mar.

Aquella tarde me senté en uno de los extremos de aquel banco y comprobé como dos nuevos nombres aparecieron inscritos,….Belén y Victor. Dos nuevos protagonistas envueltos en cada lado de un corazón; dos nuevos navegantes que habían marcado su amor en una madera raída por el tiempo, como el tatuaje de dos marineros que se hacían por primera vez a la mar. Pero mi sonrisa se transformó en tristeza al ver como el nombre de Silvia se encontraba marcado por una línea abrupta de odio, de ira y dolor. Aquella herida abierta en la madera lloraba desconsolada, derramaba lágrimas de soledad sobre aquel nombre que un día fue grabado con amor.

Hoy he visto dos gemelas que nacen del mismo lugar, dos lágrimas que son iguales pero que en el fondo son diferentes y que descienden por mejillas en búsqueda de su propio mar. Las lágrimas de dos enamorados son gotas cálidas de ilusión y de esperanza, de alegría y de risas que se envuelven en un sueño de futuro. Y las lágrimas de Laura brotan frías, apagadas en la noche oscura y gélida de un invierno, llenas de soledad y desesperanza, de un futuro perdido por un momento de desamor.

Hoy he visto nacer dos lágrimas que son gemelas y que al final de su viaje se encuentran en el mismo mar.