LA ONOMATOPEYA DE JUDAS

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Si la palabra cursi me parece la más cursi de nuestro léxico, las onomatopeyas me parecen un insulto a nuestro lenguaje. Por ello, si alguien decide enviarme un beso, que no me escriba muacks, porque correremos el peligro de que nuestra amistad quede rota en ese instante.

La onomatopeya de un ósculo es un acto maquiavélico. Por cierto, llamar ósculo a un beso es quitarle la poesía y el erotismo que guarda ese acto. Incluso creo que no pueden tener el mismo sabor. Pintores, escultores, escritores, fotógrafos,… han expresado a su manera lo que es un beso, y no creo que lo hayan hecho pensando en un ósculo, y ni mucho menos en su onomatopeya.

No puedo decir que los besos estén de moda, porque el beso como tal, es un acto que nace de los instintos, y éstos últimos no caen en los esnobismos de las tendencias. Pero no hace mucho tiempo, digamos que en la pasada legislatura, un beso fue centro de nuestra atención, cuando vimos como el Sr. Iglesias, en el hemiciclo de nuestro Parlamento, estampó un beso a un compañero de su partido (este beso sí que lo considero un ósculo). Mucho se habló de aquel beso, pero a decir verdad, más atención me merecen los que se dan el Sr. Iglesias con don Íñigo Errejón; o los de Sra. Susana Diaz y su compañero, don Pedro Sánchez; y los besos del Sr. Aznar con don Mariano Rajoy (los de estos dos últimos no lo vemos públicamente, porque lo dejan para la intimidad, como aquello de hablar en catalán).

Y es que el beso de Judas tiene mucho de tradición en nuestras relaciones personales. Pero ahora, me pregunto, ¿vosotros reconocéis a vuestro beso de Judas?

¡¡Muacks!! (espero que con este beso no pierda vuestra amistad).

 

DON SEGISMUNDO 

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Don Segismundo García Retuerto nació en el año cuarenta. El día y el mes que lo hizo poco importa. Lo lamento por aquellos que gustan de los horóscopos, pero no quisiera que se creara una imagen falsa de él, porque somos muy dados a prejuzgar a los que nos rodean tomando como base científica lo que se dice en ese espacio esotérico que aparece en los periódicos y en las revistas del corazón. Por cierto, curiosa conexión que se produce entre la información llamada seria y la calificada frívola (ahí lo dejo para vuestra opinión).

Continuamos.

Segismundo (lo tuteamos ya) era un tipo normal. Normal en su físico. Normal en su carácter. Normal en su trabajo. Normal en su vida diaria. El origen de su familia: muy normal. Tan normal era todo, que lo único que se salía de lo normal era su nombre (al menos, eso es lo que él mismo decía).

Pero desde hace dos días, Segismundo Retuerto (como todos lo llamaban, porque lo de García era muy normal) ya no se encuentra entre nosotros. La causa de su muerte: la edad. Algo normal, según el médico que certificó su defunción. Y el entierro, como pueden imaginar a estas alturas, de lo más normal. No le faltó sus dos coronas de flores y una caja de pino, porque de caoba o roble, se hubiera salido de lo normal.

El próximo lunes, en la iglesia mayor, se celebrará una misa por su alma, como es normal. Y en ese encuentro estarán presentes todos sus amigos, como debe ser lo normal. Y bien sabemos que una vez muerto, lo normal es que todos hablen bien de él, aunque me da a mí que esto va dejando de ser tan normal.

Y ahora me pregunto: qué es normal en este mundo.

 

CAMINO DE LA INVOLUCIÓN

 

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Hace algunos años, no tantos como podríamos pensar, se veían por las calles de mi ciudad a muchos hombres y mujeres que caminaban encorvados. Todos sabíamos que aquello era consecuencia del esfuerzo por el trabajo en ese campo, en esa huerta, que en este lugar se denomina mayetería. Un modelo de economía de subsistencia que ha durado hasta hace bien poco tiempo, y que algún iluminado político quiso defender hace unos años como modelo de generación de «empleo» y «riqueza». No sé si aquello fue ignorancia o el típico cinismo de ese ignorante servidor público, porque me ha llamado la atención que a ninguno de sus descendientes inculcara la idea de dedicarse a dicha actividad laboral.

Regreso al principio. Hoy, la imagen de esos hombres y esas mujeres encorvados casi ha desaparecido de nuestro día a día, y mucho tiene que ver con la evolución económica, porque aquellos trabajos ya han desaparecido de la vida de esta ciudad. Sin embargo, cuando recuerdo aquellas escenas más del pasado que del presente, se me viene a la memoria la teoría de la evolución de Darwin y esos fotogramas en los que aparecía como el hombre poco a poco había evolucionado y terminó caminando erguido.

Si pudiésemos hacer que Darwin apareciera en el momento histórico que nos ha tocado vivir, quizás se sorprendería de ver como los seres humanos, estamos volviendo a caminar encorvados, medio agachados, mirando al suelo, y todo por culpa de esos aparatos que se han vuelto inseparables de nuestras vidas. Maldito watshapp que nos tiene a todos enganchados, y que por no separar la vista de él, estamos haciendo que el hombre haya entrado en un proceso de involución.

Perdón, tengo que dejarles, que me ha sonado el watshapp y tengo un mensaje que atender.