YA PASÓ LA HORA DE TOCARNOS LAS PELOTAS

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El mundial de Rusia está llegando a su final. Este año la euforia roja ha quedado desteñida desde sus inicios, pero los únicos que parecen haber sufrido ese cataclismo son los bares que han tenido guardar las pantallas gigantes antes de tiempo, si es que no las han devuelto al MediaMarkt alegando que están aún en período de garantía porque tienen un defecto de fabricación, porque algo falla cuando no se cumplen los sueños de los que se sientan frente a esa pantalla de cristal de ciento veinte pulgadas, embutidos en una camiseta roja con la escudo nacional a un lado, y la marca de cerveza al otro.

Los analistas y filósofos futboleros, y los comentaristas de pobreza léxica especializados en tocar el balón, han ejercido la suerte de disertar acerca de las causas de por qué la selección española ha regresado más pronto que tarde a casa. Que si todo comenzó ya mal con la destitución del seleccionador pocas horas antes de comenzar el mundial; que si el guardameta era la inseguridad personificada y no había ayuda psicológica de emergencia; que si la defensa estaba muy desorganizada; o que si el lanzador de ese penalti fallido ya era centro de la desconfianza de un compañero que avisó al míster de urgencias que habían colocado como entrenador,  y que con aquella mirada le dijo, que quien avisa no es traidor… En fin, que el mundial de Rusia se acaba, que los de la roja no se han enrojecido por su fracaso porque no sienten el miedo de llegar a fin de mes sin dinero, ya que ninguno tiene las cuentas bancarias en rojo; y lo que ahora es noticia en el mundo del balón, es que Ronaldo se haya marchado a Italia y haya abandonado al Real Madrid, y ha dejado la Casa Blanca para otra mano de pintura.

A estas alturas del mes de julio, cuando el mundial ya toca su final, y todos pensábamos que podríamos disfrutar de unas vacaciones futboleras, queda por jugar la prórroga de otro partido, y mientras Sánchez y Torra se han sentado en un sofá para abrir lo que dicen una vía de diálogo, vuelve a ser noticia que dos mujeres han sido asesinadas por esa lacra de una violencia machista que parece no tener fin. Creo que ya va siendo hora de que dejemos tanto de pensar en tocar(nos) la pelota, y nos pongamos a encontrar una solución, porque estamos en un punto de este partido, en el que lo único que corre es el tiempo de descuento.

DIFUMINADO

 

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Una imagen desenfocada es el inicio de cualquier historia. Una fotografía donde se difuminan los contornos, donde no existen fronteras que marquen territorios, donde no hay líneas dibujadas en un mapa. Una instantánea aparentemente irrelevante de un momento cualquiera, de ese que la memoria dibuja entre los recuerdos perdidos durante las horas de un reloj que es incapaz de detener el tiempo, de ese tiempo que se escapa de nuestras manos.

No pierdas de vista esta imagen, porque tras ella se esconde lo que un día comenzó como aquella fotografía en blanco y negro donde alguien dijo que allí latía el corazón, que la vida comenzaba a tomar forma, que el aire irrespirable del exterior se convertiría en el oxigeno para unos pulmones que estaban por formarse. No pierdas de vista lo que está difuminado, porque detrás de esa imagen se esconde la portada de un libro, mi segundo libro, donde los poemas buscarán con la ansiedad de un lobo hambriento, encontrar algunas respuestas  a las preguntas que a veces nos realizamos.

LIBROS VIAJEROS

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Dentro de unos meses verá la luz mi segundo libro, un poemario cuya temática central girará sobre…., bueno, bueno, más adelante habrá lugar para que lo conozcáis con más profundidad. Por el momento y mientras esperamos la llegada de ese instante, he querido poner un marcha una experiencia que he denominado Libros viajeros.

¿Qué es Libros viajeros?, pues algo tanto sencillo como que dejaré un ejemplar de Historias de una casapuerta en aquellas ciudades y pueblos que por un motivo profesional o personal visite durante este año. Para comenzar esta experiencia, el pasado fin de semana, dejé un ejemplar de mi primer libro en un lugar ubicado en la zona monumental de Cáceres. El libro que iba dedicado a quien se acercara a él, una hora después de haberlo colocado en un lugar indeterminado, ya había desaparecido. Solo espero que la persona que lo tenga en su poder dedique parte de su tiempo a su lectura, y quizá, quién sabe, algún día incluso descubramos la identidad de esa persona que hoy lo tiene ya en su poder.

Ya os iré anticipando por las redes sociales, las próximas ciudades y pueblos donde iré dejando un ejemplar de Historias de una casapuerta.