(NO SÉ LO QUE PIENSAS PERO PIENSO QUÉ PODRÍAS ESTAR PENSANDO)

(NO SÉ LO QUE PIENSAS PERO PIENSO QUÉ PODRÍAS ESTAR PENSANDO)

Por Ermelinda Martín Duarte

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El Golfo (Lanzarote) Ermelinda Martín Duarte

 

 

De pie, en la entrada, se abre una especie de paréntesis entre los dos. Me pregunto qué ha pasado. Busco rápidamente la imagen latente del segundo anterior, pero no dices nada.
Me digo a mí misma que no ha pasado nada, que lo que siento es un simulacro de emoción por catalogar. Sin embargo, esa explicación no me termina de convencer. Y tú no dices nada.
Sigo pensando que no tengo por qué darle más vueltas, tampoco ha sido para tanto. Aunque sigue ahí esa sensación con forma de hueco a la altura del esternón, y un poco más abajo. Encima, no me dices nada.

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Ermelinda Martín Duarte

Esa inmutabilidad tuya, eso significa algo. Porque, de pronto, pude percibir cómo se detuvo el flujo de lo que estaba siendo unas abismales milésimas antes de que decidiera empezar a pensar que no había pasado nada. Y eso siempre es por algo. Sigues sin decir nada.
Definitivamente, no lo vi venir. Pero dadas las señales ha tenido que pasar algo.
Entonces, luego de ese segundo de profundo análisis y a punto de rendirme a la realidad de lo que quiera que hubiera podido pasar, ahí, de pie en la entrada, me sonríes. El paréntesis se cierra. Y el flujo retoma su camino.

Ermelinda Martín Duarte
@emeritte82

DESCONECTEMOS

DESCONECTEMOS

Por Juan Antonio Carrasco Lobo

 

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Fotografía de Ignacio Escuin (San Fernando)

Cuando me introduje en esto de querer ser escritor creí que era necesario explayarse en las ideas; que las palabras debían servir como extenso nexo. Pero erraba. En la brevedad he hallado la longitud perfecta para lograr conectar y, por supuesto, desconectar.

Hay que desconectar de todo un poco. Siempre. No dejar nunca que lo cotidiano pase a ser aburrido –que suele ser lo común-, ni que lo extraordinario sea algo así como un hecho trascendental.

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Juan Antonio Carrasco Lobo

Mesura. Ni abusar, ni carecer. Medida. Algo que parece fácil y, en realidad, es un acto de valentía y hasta de superación pues, quien más y quien menos, nos <<debemos>> a nuestros yugos; unos impuestos y otros elegidos.

Así que haciendo uso de la elocuencia de una imagen y la brevedad de estas palabras, aprovechando lo idóneo de este rincón para la reflexión de mi estimado Juan Antonio, que es Tarayuela, desconectemos de aquello que nos tensiona, nos sobrecarga o nos electrifica y disfrutemos de un inesperado (o anhelado) corte de la red. Hay mucho que volar.

Juan Antonio Carrasco Lobo
@PoetaGaditano

LA EDAD CORREGIDA

LA EDAD CORREGIDA

por Marga de Cala

 

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Marga de Cala

Dice un maravilloso proverbio chino que “si corriges al sabio, lo harás más sabio, pero si corriges al necio, lo harás tu enemigo”. No puedo estar más de acuerdo, incluyéndome en la banda lerda hasta hace poco tiempo (lo cual no implica sabiduría actual). Por fortuna, las cosas van cambiando al respecto, y es que la edad, la madurez, te deben de servir para algo más que perder y añorar: te deben de servir para reflexionar y mejorar. Para corregir.

Antes, hace apenas dos anuncios, si alguien llamaba la atención sobre un defecto mío, la ira se apoderaba de mí (probablemente porque había dado en el clavo) y reaccionaba como la niña pequeña a la que se deja en evidencia por llorona, mimada o egoísta. Ya si consideraba que esa persona erraba en la acusación (también se han equivocado los otros), el enfado subía enteros, y el bloqueo físico y psicológico era inmediato. Nunca he sido de montar escenas, sino más bien de huir por la izquierda…

Ahora, al tiempo que pierdo vista física a todo meter, que gano arrugas, manchas, canas y cansancio, descubro la claridad mental (aún mejorable) que otorgan la edad y la experiencia. Me sé e intento no engañar al espejo, consiguiendo sonreír ante actitudes ajenas que antes me eran muy propias. ¿Que te acusan de poseer un gran ego? Es posible. Gajes del oficio y de esta vida enredada y comparativa que llevamos. ¿Que no llenas aforos porque no eres una gran persona? Es probable. Pero quizá también sea (solo quizá) que no eres falsa, ñoña ni pelota. ¿Que no pillas el sarcasmo y pecas de una inocencia anacrónica? Sin duda. Ahora mismo, ser “prima hermana” de “Sheldon Cooper” tiene su punto. ¿Que te lanzan una indirecta con la maldad de la bruja de Blancanieves? Pues no se destierra a “la madrastra”; se comprende su situación y se ignora un tiempo prudencial, hasta retomar el contacto. ¿Que te ningunean y no sabes por qué? Se reflexiona sobre la posible causa, y se intenta arreglar la segura parte que te corresponde.

Algunas veces cuesta mantener la calma y el respeto ante la ofensa y la injusticia (así consideradas de forma subjetiva, claro), pero no es más que un reflejo de la propia inseguridad. De la inmadurez. Del miedo. De la incorrección. De la frustración con una misma. Un rescoldo de aquella niña pequeña enrabietada, porque no consigue imponer su voluntad frente a todos.

Y ya, para finalizar… a los cincuenta años… ¿quién, en su sano juicio, querría seguir siendo necia y enemiga?

P.S.: Disculpad la clave femenina y personal del discurso, pero he querido ser sincera y solo así podría serlo. Gracias, además, a Juan Antonio por su espacio y apoyo.

Marga de Cala
margadecala.com
blog.margadecala.com
@MdCala