DESPOETIZAR

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La métrica olvidada de los versos,
ha dejado atrás al endecasílabo renacentista,
de cuartetos que se mofan de cuartetas.
De las rimas asonantes
que se sienten cenicientas
de las consonantes de una octava real.

La poesía ha dejado atrás
al hiato que hiere a la sinalefa,
con la daga de una sílaba aguda.
Ha abandonado en las veredas,
los sonetos arañados por sables rotos,
que anhelaron el oxígeno de un verso libre.

Y este poema termina aquí,
en esta estrofa,
donde nace y muere el desorden
de un mundo caótico de pensamientos,
en lo que alguien llamó:
es la hora de despoetizar.