DISCÚLPENME 2.0

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Se ha instalado en nuestras vidas y, por lo que parece, ha llegado para quedarse. Pocas son las tertulias televisivas que están libres de ese ambiente bronco en el que parece que ahora todo se desarrolla (disculpen, voy a escribir un tuit). Unos periodistas con otros, los tertulianos con los periodistas y los políticos, y los políticos hasta consigo mismos; todos están enfrentados. Parece que ya no podemos hacer nada para evitarlo, el ambiente hostil y crispado se ha acomodado entre nosotros (perdonen, voy a escribir otro tuit).

No hace falta que me vaya a EEUU, y me refiera a esa hostilidad abierta entre los candidatos a la Casa Blanca. No hace falta, porque en mi casa, o en “mi patria”, como algunos se jactan de decir, la bronca se ha convertido no sólo en la forma, sino en el medio de comunicación (perdónenme de nuevo, voy a escribir un tuit). Las salidas de tono y la falta de respeto es ya nuestro día a día, y lo peor, que nos estamos inmunizando ante ese zumbido que a diario suena en nuestros oídos (toca de nuevo escribir otro tuit).

Dejaré para los que saben el análisis del debate de investidura del Rajoy, porque puedo caer en muchos errores de apreciación por aquello de mi ingenuidad política (voy a leer qué dicen en Twitter y veré si tengo algún retuit). Pero con lo que me quedo, es que nuestros representantes políticos (a los que pagamos un sueldo) se encuentran instalados en el modo bronca 2.0, y se han llevado toda la sesión enganchados al Twitter para arrojarse la mala baba.

Qué pensarían esos políticos tuiteros, si vieran a un cirujano tuitear mientras tiene a un paciente en su mesa de operaciones; o si viesen a un juez hacerlo durante la celebración de un juicio sobre violencia de género; o si un piloto de un avión estuviese escribiendo un tuit mientras aterriza un avión con cuatrocientos pasajeros…(discúlpenme, ahora me marcho a ver el Facebook y el Instagram).