LA ONOMATOPEYA DE JUDAS

FullSizeRender

Si la palabra cursi me parece la más cursi de nuestro léxico, las onomatopeyas me parecen un insulto a nuestro lenguaje. Por ello, si alguien decide enviarme un beso, que no me escriba muacks, porque correremos el peligro de que nuestra amistad quede rota en ese instante.

La onomatopeya de un ósculo es un acto maquiavélico. Por cierto, llamar ósculo a un beso es quitarle la poesía y el erotismo que guarda ese acto. Incluso creo que no pueden tener el mismo sabor. Pintores, escultores, escritores, fotógrafos,… han expresado a su manera lo que es un beso, y no creo que lo hayan hecho pensando en un ósculo, y ni mucho menos en su onomatopeya.

No puedo decir que los besos estén de moda, porque el beso como tal, es un acto que nace de los instintos, y éstos últimos no caen en los esnobismos de las tendencias. Pero no hace mucho tiempo, digamos que en la pasada legislatura, un beso fue centro de nuestra atención, cuando vimos como el Sr. Iglesias, en el hemiciclo de nuestro Parlamento, estampó un beso a un compañero de su partido (este beso sí que lo considero un ósculo). Mucho se habló de aquel beso, pero a decir verdad, más atención me merecen los que se dan el Sr. Iglesias con don Íñigo Errejón; o los de Sra. Susana Diaz y su compañero, don Pedro Sánchez; y los besos del Sr. Aznar con don Mariano Rajoy (los de estos dos últimos no lo vemos públicamente, porque lo dejan para la intimidad, como aquello de hablar en catalán).

Y es que el beso de Judas tiene mucho de tradición en nuestras relaciones personales. Pero ahora, me pregunto, ¿vosotros reconocéis a vuestro beso de Judas?

¡¡Muacks!! (espero que con este beso no pierda vuestra amistad).