Hoy mi toga está colgada

Se me hace, se nos hace, difícil un día como éste.

Hoy no ha amanecido, el sol no ha salido, tenía miedo. Enfrentarnos desde las primeras horas del alba con la noticia que ocupa los titulares de todos los medios de comunicación hace complicado que el día avance con cierto sosiego y paz. Pensaba guardar silencio y lo he guardado, quiero respetar el dolor,…el dolor de una familia y el dolor de una sociedad. Quería guardar silencio porque mis palabras no sé realmente de dónde nacen un día como éste, que quería borrar del calendario y no he podido.

Hoy los profesionales del derecho, y a los que nos dedicamos al ejercicio de la abogacía particularmente, se nos viene complicado realizar una reflexión jurídica. Muy difícil aunque se piense lo contrario. Existen argumentos jurídicos que tenemos que ponemos en valor,… claro que existen, pero encontrarlos en estos momentos tiene difícil salida. Confiar en la presunción de inocencia, en el derecho a una defensa,… por supuesto, son valores esenciales de nuestra sociedad, valores que nos hemos dado, valores que deben prevalecer, son derechos fundamentales de todos los ciudadanos.

Pero esa reflexión hoy se me cae, no la puedo soportar. Hoy la toga me pesa, no puedo cargar con ella, la he dejado colgada, no quiero verla. Está llena lágrimas por no poder dar una respuesta, por saber que se hará protagonista, desgraciada y puñetera protagonista, y que todos, salvo los suyos, se olvidarán de ellos, de los más pequeños, de los que ya no se encuentran con su familia.

Hoy no quiero ser profesional del derecho, porque la vida me da razones para no creer en palabras vagas, sin contenido, faltas de justicia, de esa justicia del hombre que hoy para mí carece de valor.